administrador de la región de Argenau, completamente loca; oírle gritar y gritar; si todavía vive, no lo sé.
Dictado en alta voz, aprobado y firmado ass. Wilhelm Romann
Fuente: W R II
89. Ancianos sufriendo los martirios de la deportación. Relato del veterinario Dr. Schulz, de Lissa. El testigo, el Dr. Schulz, veterinario en
Lissa, depuso bajo juramento:
En la tarde del 1 de septiembre, los 350 a 400 alemanes presos fueron conducidos a Storchnest, bajo el mando de un suboficial del ejército polaco. Se encontraba entre nosotros el profesor Bonin, de 82 años de edad, vestido sólo de bermuda y camiseta. Además de él, había otro anciano de 82 años, el sastre Tiller, y aún otros de 70 a ños. Había también mujeres; ni se avergonzaba a los polacos de llevar a los niños. La marcha hasta Storchnest, como también la hasta Schrimm se puede soportar. En Storchnest sacaron de nuestra fila el carnicero Gaumer, el instalador Weigt, el profesor Jaeschke, al dueño del hospedaje Haeusler, el despachador Weigt, el barrendero Senf, los sastres Tiller( padre e hijo), el escultor Bissing y el fotógrafo Juretzky, bajo la alegación de haber sido arrojado de dentro de sus casas en Lissa. Si n embargo, fueron sueltos; el despachador Weigt, Tiller( padre e hijo) y Senf. Tiller( padre e hijo) fueron nuevamente llamados en Schrimm. De los restantes soltaron los viejos, las mujeres y los menores. Estos, sin embargo, no pudieron volver a Lissa, siendo todavía conducidos hacia otras paradas.
Los eliminados, como Gaumer, Weigt y los demás fueron juzgados por un tribunal de guerra y, según informaciones obtenidas de la ciudad polaca de Lissa, fusilados. El viejo Bissing, de 72 años, fue condenado a prisión, Debo añadir, para aclarar la situación, que los " hombres de confianza " del tribunal de guerra fueron un tal Ulric h, ciudadano de Lissa de pésimos antecedentes, y un sastre, de nombre Trzecza k, quienes tuvieron que proporcionar información sobre nosotros.
En Schrimm fuimos golpeados y bombardeados con piedras por la población y soldados polacos. Nos llamaron " revueltos ", bajo la alegación de haber arrojado sobre los soldados, en Lissa. La escolta no nos protegía. De Schrimm, marchamos, vía Santomischel, hacia Schroda. En Santomischel, por donde pasamos un domingo, fuimos nuevamente maltratados por la población y los militares polacos, que nos escupían, de suerte que nos negamos a entrar en Schroda bajo la escolta insuficiente, ya que teníamos motivos para temores de malos tratos y hasta muerte. En efecto, conseguimos, bajo la escolta reforzada, llegar a Schroda sin ser muy molestos, esto, ante todo, porque el policía auxiliar Wendzonka de Lissa, nos abrió el camino c on s u bayoneta. Durante la noche, sin embargo, fueron llamados, con intervalos de pocos minutos, compañeros nuestros, todos bestialmente maltratados por los hombres de la escolta. Terminó este proceso cuando, por la medianoche, llegaron alemanes de los alrededores de Lissa. Debo mencionar, además, que, en Schroda, nos trajeron