CRÍMENES POLACOS CONTRA LOS ALEMANES ÉTNICOS EN POLONIA crimenes_polacos | Página 129

El testigo prestó el siguiente juramento: " Juro ante Dios Omnipotente y Omnisciente que dijo la pura verdad, que nada he callado, ni nada he añadido, c omo mienta que dios me castigue.”
Fuente: W R II
81. El asesinato del Dr. Kirchhoff, portador de prótesis, muerto a golpes y castrado. Ciolchowo, 27 de septiembre de 1939. Centro de investigación para los casos de violación del Derecho de las personas, junto al Supremo Comando de la Fuerza Armada. Presentes: Consejero del Tribunal de Guerra, Dr. Reger, Secretario Drescher, como encargado del protocolo. Declaro, en sustitución del juramento, que cumplire, sería y concientemente, los deberes de secretario y guardare el secreto. ass. Drescher, secretario.
En la casa de la propiedad en Cialkowo, en la casa de la propiedad de Cialkowo, l a administradora, Sra. Sophie Wiese, fue informada de que tendría que hacer su declaración bajo juramento y que cada infracción al juramento haría recaer sobre ella graves penas. Ella declaró: En cuanto a la persona: me llamo Sophie Wiese, nací a 19-8-1890 en Marlewo, municipio de Wongrowitz; en la casa Kirchholff en Cialkowo, católica-alemana, de nacionalidad polaca, perteneciendo a la minoría alemana; soy soltera. En cuanto a l a causa: el domingo 3 de septiembre de 1939, a las 6:30 de la mañana, chagaron de automóvil a nuestra propiedad dos soldados polacos, siendo el coc he conduc i do por un conductor paisano. Ignoro la categoría y la tropa a la que pertenecía los soldados. El conductor, según me dijeron, es conocido en Rawistsch o en Sarne. Uno de los soldados entró en el establo, arrestando al inspector Schulz y entregándolo al otro soldado que tenía la bayoneta armada. El primer soldado entró, entonces, por los rincones de la casa, donde encontró al Dr. Kirchhoff que, advertido por el ruido, sal ía del cuarto de dormir. El Dr. Kirchhoff traia, sólo, camisa, pantalón y zapatos. Hablando en polaco, el soldado mandó al Dr. Kirchhoff levantar los brazos. En el estado de excitación en que se hallaba el Dr. Kirchhoff, no entendió enseguida lo que el soldado quería. Le advertí que debía levantar los brazos. Con el revolver señalado sobre él, lo revisaron. Nuestra camarera, Martha Volgel, entregó al Dr. Kirchhoff una bolsa conteniendo algunas piezas de ropa que ya se hallaba lista porque el Dr. Kirchhoff había contado con el internamiento.
El Dr. Kirchhoff, gravemente herido en la última guerra y portador de prótesis, del lado derecho, pidió un bastón. Cuando el soldado prohibió llevar el b astón, el Dr. Kirchhoff llamó la atención de él para el hecho de que sin bastón no podía caminar. El soldado respondió que, entonces, sería transportado. Nada más subimos sobre la suerte que llevó al Dr. Kirchhoff, desde que fue deportado junto con el insp ector