En Ciechocinek fuimos alojados en un albergue para la juventud, separados por sexos. Sin embargo, no fue posible descansar porque se dieron nuevos casos de trastornos mentales y no cesaron los gritos histéricos. Nada nos dieron para comer. El 5 de septiembre, marchamos bajo un calor abrasador, de Ciechocinek hasta Wloclawek. Las enfermedades de pie se iban generalizando; el hambre iba en aumento; los víveres que algunos habían traído, habían sido repartidos. El dinero se nos había sacado; aun así conseguimos, en Nieszawa, juntar entre los presos el dinero necesario para comprar pan para todos. El comandante le dio al Dr. Staemmler la orden de comprarlo y repartirlo. Desafortunadamente no volvió a demostrar el mismo sentimiento humano.
En Nieszawa se posó la tarde, bajo un sol abrasador, en una gran área para descarga de basura. Se unió a nuestro grupo, otro de presos venidos de Pommerelle. Entre ellos había mujeres y ancianos, todos exhaustos y extenuados hasta el extremo. Seguimos, bien a la orilla del Vistula, hasta Wloclawek, que había sufrido bastante bajo el bombardeo, siendo acorralados y cerrados en una sala de gimnasio. Dura nte toda la noche no nos dieron agua, aunque estuvimos para morir de sed. Buscando en la oscuridad una salida para descubrir un pozo, encontré a un labrador alemán, de nombre Vorwer, que había sido preso junto a su hijo de 14 años de edad. Más tarde le quitaron el hijo rubio, ignorándose su paradero. En la mañana siguiente nos tocaron adelante. Algunos de los viejos que estaban sin fuerzas para proseguir el camino y algunas de las mujeres, fueron subidas en carros. Cuando los dos brombergenses, superintendente Assmann y el Dr. von Behrens, ambos de más de 70 años de edad, pidieron el mismo favor, lo negaron por ser " bandidos políticos, extremadamente peligrosos ". Compañeros jovenes nos cogieron de nuevo en los brazos, llevándolos hacia adelante. La marcha nos condujo, ese día 6 de septiembre, de Wloclawek hasta la planta de azucar Chodsen, cerca de Chodecz, donde nos anexaran varias columnas venidas de Pomerelle, alcanzando el total de los deportados el número de cerca de 4.000, siendo unas 600 a 800 personas de Bromberg. Entre esos 4.000 presos, se encontraban cerca de 1.000 social- demócratas, comunistas y criminales polacos y otros tipos dudosos. Otros grupos alemanes habían pasado horas difíciles en la planta de azucar Chodsen que se hallaba bajo el mando de un militar. Habían sido maltratados con garrotes de goma, colocados a la pared, amedrentados y sometidos a otros suplicios más.
Algunos fueron fusilados. Nos fueron acorralados en un área estrecha entre dos muros, donde ni teníamos lugar para sentarnos, y si lo conseguíamos era sobre coque o alquitrán líquido. Los civiles polacos que llevaban franjas en los brazos, pasaban entre nosotros, dando órdenes que teníamos que obedecer. Quien se acercaba al alambre de púas, era fusilado. En el techo de la planta había ametralladoras. A pes a r de haber prometido, la noche, nichos con paja- evidentemente la planta debería servir como campo de concentración- nos condujeron, en la mañana siguiente, vía Chodecz, donde pudimos hacer compras en el mercado, hasta Kutno. En el camino fuimos insultados, continuamente, como asesinos, bandidos e " hijos de putas ", y