contra ataques aéreos, intentaron sacar a Alfred Barnicke de su residencia. Lo culparan de haber dado señales luminosas. Después de convencerse de la imprudencia de la acusación, lo atormetaron en presencia de su madre, dejándolo ensangrentado.
A continuación, Frau Barnicke tuvo que preparar una cuenca con agua para que los muchachos pudiesen lavarse las manos de la sangre del maltratado. Al día siguiente( día 4-9-39) la milicia civil efectuó, sin resultado positivo, una bús queda en la residencia de los asesinados. Sólo pudieron condenar un libro " El germanismo en Polonia " que mandaron quemar. Poco después, soldados polacos invadieron la c a sa. Frau Barnicke, depone al respecto lo siguiente:
Por las 11 horas del día 4-9-39 vinieron tres soldados polacos que, al entrar en mi residencia, se comportaron como animales feroces; se arrancaron las puerta s de l os armarios, arrojaron cajones y las arrojaron en el suelo, esparciendo el conteni do por el suelo( ropa, prendas de vestir, etc.), rompiendo, hasta el fondo de un cajón. Cuando entraron en la habitación de mi hijo Alfred, había dicho, al ver la colección de sellos: " ahí está el espía " y le dieron, con las culatas en la espalda y los hombros. Queriendo explicarles que la colección de sellos no tenía nada que ver con espionaj e, le dieron también en la cara y lo escupian. Se veía todos los dedos en la cara de mi hijo. Como mi hijo estaba siendo golpeado en mi presencia, me metí en el medio, pidiendo a los soldados en polaco para que ya no lo golpeen. En eso un soldado s a c o su sable, colocándolo en mi pecho, y el otro me dio un culatazo en la tibia izqui erda. Perforaran nuestro radio con la baioneta armada en el fuzil. Cuando descubri eron el dinero ahorrado por mis hijos, una cantidad de 1.000 zloty, decían en polaco: " Estos malditos alemanes, cuánto dinero tienen "( Vi como uno de los soldados meti ó el dinero en el bolsillo...)
Una colección de sellos y un casco antiguo de acero del tiempo de la guerra mundial se convirtieron en fatales para mis hijos. Les bastaron a los soldados polacos, como comprobantes, estos objetos, más el faro de una motocicleta y un velocímetro que los soldados ni reconocían como tal. Llevaron a los dos hermanos como espías. En el pateo de las casas de alquiler, de la calle Venetianergasse, 4, fueron exhi bi da s, junto con un criminal que aprendieron, la multitud que se apiñaba. Hombres, mujeres y niños- son 17 familias que viven del lado del pati o en el fondo del Barrio obrero- y la plebe que había sido llamada, maltrató a los dos indefensos, menospresiandolos.
Se quedaron así dos horas, hasta que, finalmente, los oficiales presentes resolvieron mandar fusilarlos en el propio lugar, mientras que el criminal fue s uel to, despues de darle ropa y viveres. Aunque algunos civiles pidieron no admitir como testigos de la ejecución a las mujeres y los menores, un oficial dio orden de coloca r a los dos alemanes la pared del pati o. Ahi, pues, a la vista de la multitud y de las mujeres y menores que vivían en el edificio, fueron, poco después, fusilados por cuatro cabos polacos. No hay negar que las ejecuciones en estas circunstancias son poco comunes, pero, mucho menos, el hombre civilizado podrá comprender la