Xochimilco: chinamperío, patrimonio cultural y prácticas turísticas
De allí la propuesta de vincular una estrategia de respeto y salvaguarda
del patrimonio, con la coordinación de acciones multisectoriales y emplazar
a la responsabilidad de los gobiernos para que apoyen las condiciones para su
conservación y reproducción como unidades productivas, en su caso, e incluso
a partir de programas educativos que anime la conciencia y el compromiso de
las nuevas generaciones, para su protección.
Sociedades rurales y espacios turísticos
El dilema de si el binomio turismo-patrimonio puede beneficiar a la población
local, o es un instrumento de mercantilización del patrimonio, debe plantearse
en el marco de las implicaciones que todo ello tiene para las sociedades rurales
en México o para aquellas con un fuerte componente agrícola.
La posibilidad de fortalecer el turismo y de fomentar el crecimiento del
sector en territorios rurales, se da en un momento histórico caracterizado por
una crisis del campo mexicano, donde se hacen patentes el despoblamiento
de las zonas rurales, el abandono de los productos tradicionales, la pobreza,
la marginación, la migración, falta de oportunidades, una producción de altos
costos y pocas ganancias, problemas asociados al narcotráfico, la violencia,
programas gubernamentales desarticulados, insuficientes y en tiempos que no
concuerdan con las necesidades del campesinado (Landázuri y López Levi,
2011:47-48).
El abandono de la agricultura, y la pérdida de elementos de la cultura
campesina tradicional, producto de las políticas públicas actuales, amenazan
también la transformación de los paisajes rurales, que desde la óptica de los
patrimonios naturales y culturales implica una pérdida mayor que va más allá
de lo económico.
Todo lo anterior, nos plantea que existen una serie de confluencias y
divergencias, donde las visiones territoriales orientadas al turismo y aquellas
que buscan el fortalecimiento de la agricultura y el mundo rural, generan
fuerzas que se oponen y otras que se complementan para generar dinámicas
y transformar el territorio.
Habría que comenzar por reconocer que la actual crisis del campo no se
debe a las políticas orientadas al turismo. La situación es tan compleja, que no
podemos pretender que pueda resolverse a partir de programas de atracción
turística, ni que el deterioro actual de los espacios rurales sea obra del turismo.
Sin embargo, tampoco se trata de procesos independientes. Las prácticas
orientadas al turismo, pueden favorecer o perjudicar al mundo rural, en general,
y a sus patrimonios naturales y culturales, en particular.
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