Crisis Civilizatoria | Page 89

Xochimilco: chinamperío, patrimonio cultural y prácticas turísticas De allí la propuesta de vincular una estrategia de respeto y salvaguarda del patrimonio, con la coordinación de acciones multisectoriales y emplazar a la responsabilidad de los gobiernos para que apoyen las condiciones para su conservación y reproducción como unidades productivas, en su caso, e incluso a partir de programas educativos que anime la conciencia y el compromiso de las nuevas generaciones, para su protección. Sociedades rurales y espacios turísticos El dilema de si el binomio turismo-patrimonio puede beneficiar a la población local, o es un instrumento de mercantilización del patrimonio, debe plantearse en el marco de las implicaciones que todo ello tiene para las sociedades rurales en México o para aquellas con un fuerte componente agrícola. La posibilidad de fortalecer el turismo y de fomentar el crecimiento del sector en territorios rurales, se da en un momento histórico caracterizado por una crisis del campo mexicano, donde se hacen patentes el despoblamiento de las zonas rurales, el abandono de los productos tradicionales, la pobreza, la marginación, la migración, falta de oportunidades, una producción de altos costos y pocas ganancias, problemas asociados al narcotráfico, la violencia, programas gubernamentales desarticulados, insuficientes y en tiempos que no concuerdan con las necesidades del campesinado (Landázuri y López Levi, 2011:47-48). El abandono de la agricultura, y la pérdida de elementos de la cultura campesina tradicional, producto de las políticas públicas actuales, amenazan también la transformación de los paisajes rurales, que desde la óptica de los patrimonios naturales y culturales implica una pérdida mayor que va más allá de lo económico. Todo lo anterior, nos plantea que existen una serie de confluencias y divergencias, donde las visiones territoriales orientadas al turismo y aquellas que buscan el fortalecimiento de la agricultura y el mundo rural, generan fuerzas que se oponen y otras que se complementan para generar dinámicas y transformar el territorio. Habría que comenzar por reconocer que la actual crisis del campo no se debe a las políticas orientadas al turismo. La situación es tan compleja, que no podemos pretender que pueda resolverse a partir de programas de atracción turística, ni que el deterioro actual de los espacios rurales sea obra del turismo. Sin embargo, tampoco se trata de procesos independientes. Las prácticas orientadas al turismo, pueden favorecer o perjudicar al mundo rural, en general, y a sus patrimonios naturales y culturales, en particular. 87