¡Aquí no había hambre! Saberes y sinsabores de una comunidad cafeticultora
Con la administración del balneario de forma comunitaria, el pueblo obtiene
un ingreso durante los meses de lluvias, de finales de junio a septiembre, ya
que se cobra la entrada en $15 pesos por persona (información proporcionada
por el Presidente de Bienes Comunales, 2012).
Además, se organizan para recibir apoyos gubernamentales, principalmente
de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), por
los servicios ambientales que prestan, de ahí la importancia del sistema de
cultivos bajo sombra que manejan. Aunque esta actividad colectiva se ha hecho
desde siempre, ahora reciben el bono, sin embargo, a decir de algunos de los
entrevistados, en ocasiones no llega a los productores, porque el comité del
Comisariado de Bienes Comunales no lo entrega, ya que lo emplea en otras
tareas o asuntos, o bien, cuando no hay café, el apoyo para las limpias no llega.
Otras formas de “hacerse de centavitos”…
En lo que respecta a los árboles frutales que existen en la comunidad, como
es el arrayán, nanche, limas, plátanos, además de los nopales, básicamente se
utilizan para complementar el ingreso con su venta a lo largo del año, ya que en
las temporadas en las que los cultivos principales aún no maduran, estos frutos
se cosechan. En el caso del arrayán, en la comunidad se elaboran conservas y
dulces y, en el caso del plátano, se deshidrata o se fríe, se empaqueta y se vende.
Además de las actividades agrícolas, la búsqueda de alternativas para
hacerse de ingresos se extiende hasta el sector servicios, en este caso por las
amas de casa, quienes, al administrar el hogar, se percatan de la necesidad de
complementar los ingresos para completar “el gasto” a través de sus habilidades,
desde la confección de vestidos, labores de aseo, venta de productos por catálogo
y elaboración de alimentos (Cuadro1).
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