Efectos de la apertura comercial en el campo sinaloense
públicas que el gobierno federal implementa en el campo (Ashwell, 2008:22).
Dichas transnacionales cada año compran los granos a los acopiadores locales,
estos últimos reciben y pagan las cosechas a los productores, recibiendo a su
vez $225.00/tonelada por servicios a la comercialización.
Las redes de interdependencia económicas y financieras, como las integradas
por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Acuerdo General sobre
Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), subordinan a sus estados miembros
a decisiones supraestatales (Graciarena, 1990:41). El Tratado de Libre Comercio
de América del Norte (TLCAN) fue concebido para realizar la apertura total
entre Canadá, Estados Unidos y México, dejando poco margen para las políticas
de protección. Los sistemas de comercialización se cancelaron, transfiriendo
esta actividad a agentes privados (Fritscher, 1999:150), que operan bajo la
lógica capitalista de obtener la mayor ganancia, confrontándose por el precio
y el pago del maíz con los productores agrícolas.
Para los campesinos, la cantidad de tierra, junto con la disponibilidad
de otros medios de producción y su situación de mercado, son la base para
distribuir las actividades y calcular la intensidad del trabajo familiar (Concheiro,
1996:163), construyendo en ese proceso una lógica campesina, en donde
aparecen como objetivos primordiales continuar en esa actividad y garantizar
la reproducción de la familia.
La posesión de la tierra es concebida como un bien que sirve de condición
necesaria y suficiente para ser campesino, además de comportar un prestigio
especial, antes que como una mercancía (Concheiro, 1996:163). Poseer tierra de
buena o mala calidad, o bien arrendarla para sembrar cultivos que aparentemente
no son redituables, otorga prestigio entre la gente que vive en el medio rural,
quienes pueden transferir recursos de otras actividades para sostenerse como
productores agrícolas, disputando a los acopiadores el pago oportuno y justo
de sus cosechas.
El Estado interventor y la agricultura sinaloense
En Sinaloa, por sus once ríos y grandes planicies, se desarrolló una agricultura
de riego altamente tecnificada (Martínez, 2006:11). Además de que durante
el cardenismo el gobierno se responsabilizó de la construcción de grandes
obras de riego (Carton de Grammont, 1990:141, Aguilar, 2005:105). En ese
sentido, en 1939 se inició la construcción de la presa Sanalona para almacenar
y regular las aguas del río Tamazula (Carton de Grammont, 1990:141). De
entonces a la fecha se han construido quince presas, aumentando con ello la
superficie irrigada, como se observa en el Cuadro 1.
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