Disyuntivas tecnológicas: ¿maíz transgénico en Sinaloa?
utilizando esta tecnología; 2) reducción en el uso de agroquímicos contra
plagas y malezas; y 3) la inocuidad de los transgénicos, ya que los productores
argumentan que los transgénicos no hacen daño porque en Estados Unidos
llevan mucho tiempo cultivándolos y no ha habido efectos en la salud.
La falta de información sobre las posibles consecuencias de los maíces
transgénicos y la ausencia total de talleres de discusión de los resultados
experimentales del maíz transgénico en Sinaloa enrarecen los aires de la
transparencia de la biotecnología. Ni los funcionarios de la Secretaría de
Agricultura del Estado de Sinaloa, ni los representantes de las asociaciones
agrícolas, ni menos aún los agricultores conocen dichos resultados (Chauvet
y Lazos, en prensa).
Por otro lado, la preocupación de los productores no estriba en la
introducción del maíz transgénico. Sus inquietudes no giran alrededor de la
producción, ya que son altamente productivos. Recordemos que los rendimientos
alcanzados estriban entre las 12 y las 15 toneladas por hectárea. Inclusive, los
productores “estrella” han obtenido hasta 17 toneladas por hectárea en algunos
puntos de sus parcelas. Así, claramente sus problemas no están fincados en
la producción misma. Su problema reside en la falta de canales adecuados de
comercialización y en la negociación de los precios de su producto. En este
sentido, si ellos tuvieran mayor seguridad en la comercialización y en los precios
pactados en el futuro, ganarían mucho más, tanto económicamente como social
y políticamente que con la introducción del maíz transgénico. Los problemas
más sentidos entre los agricultores se centran en la falta de una diversificación
y la accesibilidad a mercados y en el establecimiento inequitativo de los precios
por la Bolsa de Chicago.
En este sentido, la introducción del maíz transgénico no viene a resolver
ninguna problemática productiva ni para grandes ni medianos ni pequeños
productores. Por el contrario, expone la vida de los agricultores de la “otra
Sinaloa”, es decir, a las familias que cultivan hasta 11 razas de maíces nativos
en pequeñas superficies –entre 5 y 20 hectáreas– y que se basan en ellos y en los
cultivos asociados para su alimentación familiar (Chauvet y Lazos, en prensa).
Además, el caso del maíz es particularmente importante para México por ser
centro de origen y diversidad de este cultivo, con lo cual la introducción de un
maíz transgénico afectaría la reproducción y el manejo libre de las semillas
de maíces nativos en todo México, poniendo en riesgo a miles de familias que
dependen de ellos para su sobrevivencia. Sin embargo, la importancia de la
conservación de la biodiversidad de los maíces para México y la humanidad no
es reflexionada ni discutida en foros agrícolas por la mayoría de los productores
sinaloenses.
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