que está yendo al cierre de la edición de esta revista. Al escu-
charla podíamos imaginar un día de Vero entrando y saliendo
de su casa con una mezcla de calidez, simpleza y torbellino,
buscando no perder un segundo de su tiempo. Nos dice: ”Me
encanta ser anfitriona, recibir en casa, y por eso tengo todos
los domingos a la familia a comer. Soy feliz de poner la mesa
linda. Siento que estoy dando amor. Mi suegro siempre me ala-
ba y para mí es un placer ver que todos disfruten. Hay días que
estoy inspirada y saco todo, y otros que pongo lo básico. Ya de
chica, cuando terminé el colegio, hice el curso de ceremonial y
protocolo con la Condesa Eugenia de Chicoff. Cuando puedo
viajar, me traigo cosas del exterior. Las copas que están en las
mesas las traje Anthropology, son soñadas. Mi marido me dice
“No puede ser, siempre se te ocurre traer algo mas!”. Cuando
invito a mis amigas a tomar el té o armo un almuerzo todos se
sorprenden porque saco porcelana antigua, que en algún mo-
mento hasta coleccioné. Todo lo hago porque me encanta ser
anfitriona, disfruto mucho. También si no pude comprar an-
tes, busco flores del jardín, y estoy atenta a que no falte nada.
Siento que la presentación lo es todo, aunque comas solo un
sándwich. Cuando vas a una casa y está puesta la mesa linda,
es como que le pusieron amor.
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