previstos nunca faltan. En el grupo de Whatsaap que se armó
para las fiestas ya se pasó lista de todo el menú y quien lo trae.
La que tiene chicos chiquitos finalmente nunca trae lo que le
correspondía y bueno, es que estuvo muy atareada. No le decís
nada porque al menos ella es la que lava los platos. Ese día
la cantidad de comensales es un misterio. Recordás como un
sobrino del primo de tu tía te trajo a comer para la última navi-
dad a un amigo del amigo con su familia y no pudiste decir no.
O recordás ese año en que no habías contado a la mesa a la
última novia de tu papá que con sorpresa acababas de conocer.
También están los novios de tus sobrinas que te preguntás si
tendrán o no familia. Entonces vas sacando vajilla de todos los
lugares posibles y de todos los juegos. Salen a relucir también
todos los banquitos, banquetas que no sabías ni siquiera que
tenías y se suman sin importar estilo, color y estado. La mesa
que habías soñado armar con manteles nuevos, velas, flores y
todo lo que tenías pensado se va diluyendo de a poco y casi
con lágrimas en los ojos tomás ese mantel que no querías sacar
porque el año pasado era blanco inmaculado y ahora tiene una
tremenda mancha de vino tinto que no sale…… Así tu mesa va
tomando otro color. Todo lo tenías pensado pero… ¿para tan-
tos? y bueno es la magia de la navidad, “pongamosle onda” te
repetís porque no querés que nada empañe esa noche.
Sentís como si tuvieras rollers puestos, vas de la cocina a la
mesa y de la mesa a la cocina. En un momento empezás a
dirigir a cualquiera que se acerque a la cocina con la típica pre-
gunta ¿te ayudo en algo? Y así empezás: enjuagame la lechuga,
¿me sacás el hielo del freezer? o le plantás una fuente en la
mano, con bastante poca diplomacia, porque estás sintiendo
cansancio y todavía ni empezó la noche. Cuando lograste sacar
lo último salado de la heladera, que literalmente explota porque
tiene aún 3 versiones más de Vitel Thoné, te acercas a la mesa
y ves que entre todos ya se comieron lo más rico. Te dicen: “uy
negri, estaba super el pionono que trajo Coni, qué lástima que
no lo probaste”. Ves como la mesa ya fue atacada y nadie te
esperó. Lo peor es que no llegaste ni a sacar la foto!! Te sentás
en el lugar que te reservaron y escuchás “cómo me reí con los
chistes de Ricky, es un capo” o “viste lo que dijo tu hija del novio,
tremenda!!”, y pensás… y no, no lo escuché estaba en la cocina
preparando para que ustedes coman y no me esperen…
En un rato todo esa sucesión de pequeñas tensiones pasa
a ser sólo un detalle y quedarán saldadas. Mirás a la familia y
amigos todos sentados disfrutando y vos, que ya estás con una
copa demás, ves que todo está más que perfecto. A las doce y
1 minuto te alcanza con sólo ver los ojos de tus hijos y de todos
los presentes brillar llenos de felicidad por la magia de la navi-
dad. Ahí sentís que todo valió la pena. <<
POR LILIANA RABBONI