Paseamos un rato. Luego almorzamos. Pollo con arroz en una cajita que comemos con la mano. Infaltable después el helado, el postre preferido de los cubanos. Nos separamos. Cada cual sigue por su lado.
Camino por 23 y miro para todos lados. Las calles de La Habana son un estímulo constante a todos los sentidos de los seres humanos. A lo lejos diviso a un amigo cubano que no veo hace años. Nos aferramos en un abrazo que duró un largo rato. Es músico. Ese es su trabajo pagado por el Estado. Viaja tocando por el mundo y siempre regresa al Vedado. Es donde quiere vivir, junto a la hija que está esperando. El mundo allá afuera se está despedazando y acá en cuba vive feliz, sin el capitalismo, que hace daño.
Vernos más tarde para tomar un ron, fue lo que quedamos. Sigo caminando por Rampa hasta el
23
“Luchar por la revolución social en la América no es una utopía de locos o fanáticos. Es luchar por el próximo paso de avance en la historia”.
CUBA
malecón, lugar mas que emblemático. Allí me siento a observar el mar que está agitado. También miro hacia la calle y observo el andar del cubano. Aguerrido, intenso, solidario, sonriente, pillo y sobre todo revolucionario.
El tiempo pasa volando, como el pelícano que pasa a mi lado, y el sol se va ocultando. Un atardecer que obnubila a los yuma que están paseando.
Llega la noche. A comer puer(l)co frito y a escuchar son y a bailar un rato. El ocio es común para todo cubano.
El día se va acabando. Es de madrugada y regreso al cuarto que estoy alquilando. Termino el día soñando con una revolución como la cubana para todos los seres humanos.
Cinthia Wanschelbaum es Doctora de la Universidad de Buenos Aires, área Ciencias de la Educación, Investigadora Asistente de CONICET con sede en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación, Docente en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de Luján y fotógrafa.
Viajó a Cuba tres veces (2004, 2008 y 2017). Ama esa Isla.
cinwans@gmail.com