comunicación
POR Jonathan Josué Hernández Garibay, Leslie Esmeralda Hernández Pérez y antonio hernández aparicio
grupo: 116
Multilingüismo
en el Conalep
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En el grupo 116 tenemos a un compañero que habla mixteco, ya que sus abuelos y padres le enseñaron esa lengua desde niño y la ha cultivado y compartido entre nosotros.
Antonio Hernández Aparicio alumno del grupo 116 de nuestro Conalep México Canadá, nos comentó que él crecio en Oaxaca y en la región donde vivió su niñez la gran mayoría de los pobladores hablan mixteco.
Él se vino a estudiar a la capital la secundaria, actualmente se encuentra entre nosotros y nos comparte un cuento breve en mixteco.
El mixteco es una lengua que se habla en los Estados de Guerrero y Oaxaca principalmente.
Un día un conejo iba caminando por una senda y se sentía muy triste. De repente vio una moneda, y se puso muy feliz.
Empezó a pensar en qué compraría con su dinero y dijo:
—Si compro dulces, me van a durar muy poco. Si compro
Chicles, me durarán muy poco también. Voy a comprar una guitarra. Eso no se acaba y con eso puedo tocar y cantar.
Entonces fue y compró una guitarra y se sentó debajo de un árbol a tocar. Se le acercó un zorrillo y le preguntó:
—¿Qué estás haciendo, amigo?
Y el conejo le respondió:
—Estoy tocando.
Entonces el zorrillo le dijo:
—Préstame tu guitarra para tocarla.
Pero el conejo le dijo:
—No te la voy a prestar porque, si te la presto, ya no me la vas a devolver.
A lo que el zorrillo le respondió:
—Te juro que te la devuelvo.
Entonces el conejo le prestó su guitarra, y el zorrillo empezó a tocar.
Luego el conejo le dijo:
—Dame mi guitarra porque ya me voy.
El zorrillo le contestó:
—No te la voy a entregar porque tú me la regalaste.
Y el conejo empezó a llorar. El zorrillo seguía tocando, pero no se dio cuenta de que se había sentado en un hormiguero. Salieron las hormigas y empezaron a picarle. Dejó caer la guitarra y se fue corriendo.
El conejo recogió su guitarra, y siguió tocando. El zorrillo se olvidó de la guitarra porque las hormigas le estaban picando. Y se fue corriendo. El conejo se quedó muy feliz porque otra vez tenía su guitarra.