Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 807
En esta idea de Lerner resuena aquella de principios de los años
60, cuando Bourdieu y Passeron señalaron las condiciones culturales de las familias de los estudiantes como uno de los factores que
limitan sus posibilidades de ingresar a alguna institución de estudios superiores y permanecer en ella. Muchas de las habilidades necesarias para desenvolverse en la vida letrada —formas de presentación de un trabajo escrito, opciones de tipografía en textos académicos, uso de fórmulas de cortesía en contextos formales de comunicación, modos de vestirse y gesticular, tonos de la voz— no se
configuran en objetos de enseñanza y, por lo tanto, quedan sujetas
a la trasmisión en el seno de la familia y la clase social. Pasados cincuenta años, el pensamiento de los franceses sigue aguijoneando
nuestra práctica docente. Y es precisamente en ese nudo donde se
instala nuestra propuesta didáctica de los foros de discusión sobre
cine, literatura, etc.
“Es imposible pensar el lenguaje sin dos problemas fundamentales: el uno, el corte de clase social; el otro, asociado a éste, el problema del poder” (De Quiroga 1993), sostiene Paulo Freire. Y agrega la
necesidad de contribuir al aprendizaje del patrón culto para garantizar la inclusión de todos y todas en los usos de la lengua del poder. En ese sentido, la experiencia que narramos logró acercar a las
estudiantes a (re)leer libros, mirar películas; construir sentidos
para compartirlos, discutirlos y rechazarlos; usar las herramientas
tecnológicas; esto es, ejercer las prácticas de lectura y escritura y habitar prácticas culturales novedosas. Más aún, podemos aventurarnos a decir que para algunas de las jóvenes se habilitaron mundos
culturales que aparecían como inaccesibles:
Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas
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