divisas) es fundamental, para poner de relieve
la responsabilidad compartida de las diversas
económicas a nivel mundial y abordar los
desequilibrios externos, antes de que se vuelvan
dañinos para las naciones.
El riesgo de los desequilibrios externos
Los riesgos de estas oscilaciones están esperados,
en gran medida, a corto plazo, dado que los déficits
en cuenta corriente y las posiciones deudoras
se concentran en su mayor parte en economías
avanzadas que emiten monedas de reserva.
Y, por otra parte, de no mediar políticas correctivas
para reducir los desequilibrios, a mediano plazo,
las tensiones comerciales podrían consolidarse.
Más aún, si la deuda externa de ciertos países sigue
aumentando, incluso podrían producirse ajustes
costosos y problemáticos, con posibles efectos
derrame al resto del mundo.
Los desequilibrios externos no son necesariamente
motivo de preocupación, ya que los países pueden
tener buenas razones para mantener déficits y
superávits en momentos determinados. En algunos
casos, es natural que las economías jóvenes y en
rápido crecimiento mantengan déficits y tomen
créditos de economías avanzadas con menos
potencial para crecer. Sin embargo; si estos créditos
son excesivos, y no se llegan a saldar las deudas,
esto sí representaría un problema para las naciones
involucradas.
deberían jugar un papel relevante para abordar
los desequilibrios externos y, al mismo tiempo,
estimular el crecimiento potencial interno. Incluso,
las economías con posiciones externas que están
de acuerdo con sus fundamentos económicos,
como China y Japón, deben adoptar políticas que
atiendan los desequilibrios internos y prevengan
el resurgimiento de los desequilibrios externos;
para eso se necesitan reformas estructurales que
faciliten la competencia en diversos sectores.
La flexibilidad cambiaria sigue siendo clave para
facilitar el ajuste externo. Las características
cambiantes del comercio internacional, entre
ellas el grado de integración en las cadenas de
valor mundiales y la facturación comercial en
una moneda dominante como el dólar de EE.UU.,
pueden debilitar algunos mecanismos de ajuste
externo y limitar los beneficios de la flexibilidad
cambiaria a corto plazo. Por lo tanto, esta última
puede requerir el apoyo de otras políticas que
refuercen la respuesta de las exportaciones.
En conclusión, se puede apuntar a que todos los
países deberían evitar las políticas que distorsionan
el comercio, que suelen dar frutos a costa de este, la
inversión y el crecimiento mundial. Por el contrario,
los países superavitarios y deficitarios deben
trabajar para revitalizar el comercio internacional
y fortalecer las normas del sistema comercial
multilateral que tan bien han servido a la economía
mundial en los últimos 75 años.
El reto ante los desequilibrios
Muchos países se encuentran cerca del pleno
empleo y tienen poco margen de maniobra en
su presupuesto público. Ante esto, los gobiernos
deben calibrar cuidadosamente sus políticas para
alcanzar sus objetivos internos y externos.
Los países que tienen déficits excesivos en su cuenta
corriente, como el Reino Unido y Estados Unidos,
deberían adoptar o mantener una consolidación
fiscal que no perjudique el crecimiento, mientras
que los que sufren superávits excesivos, como
Alemania y Corea, podrían utilizar el espacio fiscal
para estimular la inversión en infraestructura
pública y el crecimiento potencial.
Las
políticas
estructurales
bien
adaptadas
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