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La IA prometía hacerlo todo más rápido, más eficiente y más creativo y en muchos casos lo ha logrado; hoy la conversación ya no gira en torno a lo que puede hacer, sino a lo que debería hacer.
Las audiencias no reaccionan contra la innovación. Reaccionan contra la indiferencia. Una campaña generada por IA puede estar perfectamente optimizada y, aun así, sentirse fría, oportunista o desconectada del contexto social.
En un entorno donde cada mensaje puede amplificarse en segundos, el desliz no se queda en un post desafortunado: se convierte en tendencia, en captura de pantalla, en hilo crítico.
La desconfianza hacia la inteligencia artificial no es una percepción marginal. Un estudio global realizado en 47 países revela que el 54 % de las personas no confía plenamente en la IA, y cerca del 70 % considera necesaria una regulación más estricta para mitigar riesgos como la desinformación o el uso indebido de datos.
Esa tensión entre adopción y sospecha explica por qué el margen de error es cada vez más estrecho.
El escepticismo no es infundado. El mismo informe señala que una proporción significati-
22 Marzo 2026 · CLASEEMPRESARIAL