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“ En este 2026 es probable que asistamos a una realidad comercial profundamente distinta a la que conocimos durante décadas en el marco de los Tratados de Libre Comercio a favor de la globalización. Incluso, no puede descartarse la cancelación del T-MEC( México-Estados Unidos y Canadá) para dar paso a un acuerdo comercial binacional entre Estados Unidos y México, caracterizado por reglas volátiles, temporales y segmentadas. En otras palabras, una política comercial en donde“ las reglas cambian” constantemente, aludiendo al slogan del famoso concurso televisivo”, explicó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.
Bajo un esquema así, los actores económicos tendrían que repensarse por completo, las inversiones dejarían de planearse a largo plazo y pasarían a ejecutarse con horizontes cortos, decisiones rápidas y diseños altamente flexibles, la capacidad de reacción se convertiría en el principal activo de las economías nacionales. En estos nuevos tiempos, ya no existirían acuerdos duraderos ni reglas definitivas e inamovibles durante años; lo que hoy se pacta puede modificarse mañana si así conviene a las partes.
Si algo queda claro en este proceso de desglobalización y neoproteccionismo es la certidumbre de la incertidumbre permanente; lo único cierto es que nada es seguro.
Las empresas deberán ser ágiles, flexibles y contar con múltiples planes de contingencia, plan A, B, C, D o los que sean necesarios para operar bajo estas condiciones. Tras décadas de reglas comerciales estables desde la firma del TLCAN( 1994), que permitían negociaciones de largo plazo, hoy el reto es aprender a trabajar en el corto plazo y saber responder ante lo inminente.
Es como frenar de golpe un tren de alta velocidad para cambiarle el destino, el rumbo y su lógica de operación. El resultado ya empieza a sentirse: inversiones detenidas, proyectos cancelados, cierres de negocios y una relocalización empresarial, pues los aranceles de por medio hacen que producir en México deje de ser barato y por ende atractivo y que producir en Estados Unidos ahora cueste lo mismo, lo que hace considerar a las empresas el reubicarse en territorio norteamericano.
La desglobalización nos lleva también a construir un ambiente de economía cerrada con un amplio costo fiscal; los aranceles, en los hechos, encarecen los productos y distorsionan los precios. Al cerrar la economía, los bienes se revaloran, adquieren nuevos precios y se vuelven más caros para los consumidores.
En la calle, mercados, tianguis y comercios de máxima proximidad, los precios de muchos de los alimentos son hasta el doble de lo que reflejan esos reportes. La inflación es una realidad inocultable que hoy padecen los consumidores, comerciantes, la sociedad entera, por lo que buscar tapar el sol con un dedo resulta ser un gran despropósito.
CLASEEMPRESARIAL · Febrero 2026 19