Dejó que sus ojos se posaran como mariposas
en cada detalle de este paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizás
por eso descubrió, sobre una de las piedras,
aquella inscripción…
:
Abedul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 sema-
nas y 3 días.
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de
que esa piedra no era simplemente una
piedra, era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan
corta edad estaba enterrado en ese lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio
cuenta de que la piedra de al lado también
tenía una inscripción. Se acercó a leerla,
decía:
Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses, y 3 semanas
El buscador se sintió terriblemente conmocio-
nado.
Este hermoso lugar era un cementerio y cada
piedra, una tumba.
una vieja costumbre. Le contaré...
Cuando un joven cumple quince años sus
padres le regalan una libreta, como ésta que
tengo aquí, colgando del cuello.
Y es tradición
allí, cada vez
de algo, abre
izquierda, qué
entre nosotros que a partir de
que uno disfruta intensamente
la libreta y anota en ella: a la
fue lo disfrutado…
a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia, y se enamoró de ella.
¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el
placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?,
¿tres semanas y media?…
Y después… la emoción del primer beso, el
placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto
duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos
días?, ¿una semana?…
¿Y el embarazo o el nacimiento del primer
hijo...?
¿y el casamiento de los amigos…?
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un
nombre y el tiempo de vida exacto del
muerto. ¿y el viaje más deseado…?
Pero lo que lo conectó con el espanto, fue
comprobar que el que más tiempo había
vivido apenas sobrepasaba 11 años...
Embargado por un dolor terrible se sentó y se
puso a llorar. ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas
situaciones?…
El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y
se acercó.
Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le
preguntó si lloraba por algún familiar.
- No, ningún familiar - dijo el buscador - ¿qué
pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terri-
ble hay en esta ciudad?. ¿Por qué tantos
niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál
es la horrible maldición que pesa sobre esta
gente, que lo ha obligado a construir un
cementerio de chicos?!!!
¿y el encuentro con el hermano que vuelve de
un país lejano…?
¿horas?, ¿días?…
Así... vamos anotando en la libreta cada
momento que disfrutamos... cada momento.
Cuando alguien se muere,
es nuestra costumbre,
abrir su libreta
y sumar el tiempo de lo disfrutado,
para escribirlo sobre su tumba,
porque Ese es, para nosotros,
el único y verdadero tiempo VIVIDO.
El anciano sonrió y dijo:
- Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición.
Lo que pasa es que aquí tenemos
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Dr. Antonio SOFAN GUERRA
Coordinador academico
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