Lluvias
(despejado y espejado)
Nuestros cuerpos hechos de agua
y fundamentalmente de palabras.
Porcentajes y estados.
Grados de quemaduras
reversibles, retroalimentadas,
éxtimas -ni internas, ni externas-.
Y la boca que se hace agua.
La tormenta y los colores del tiem-
po,
el repiqueteo de las gotas cual tam-
boril o latido.
Un pianito imaginario en los dedos.
Rayos que truenan y relampaguean
ardiendo.
El escenario del temporal.
La luz, el sonido, las acciones
y las ganas
¿que siempre están?
a pesar de la lluvia,
por la lluvia.
Mojados sobre llorado.
Potenciados por el enojo.
Empapados más o menos asépticos.
Escépticos al despejar la incógnita.
Siempre divididos y atormentados
al cubo.
¿Una relación de igual a igual es
posible?
Ensayo y error.
Con frialdad pasional o calidez
quirúrgica.
¿Los vínculos afectivos siempre
fueron lábiles
en mayor o menor medida?
La eternidad líquida, el mismo río;
el mismo desamor, la misma desl-
luvia.
Todo lo que une y ata,
da fuerzas y mata.
Los deseos puestos a jugar
tras un empañado vidrio
empecinado en perder y ganar. Nudos que retuercen y desahogan
obstinados en el cuerpo.
Suspiros y gemidos, quejas o lam-
entaciones,
con tu perfume característico,
en inmersión perpetua, bañado en
chocolate,
sumergido en alcohol, recubierto
de palabras.
Deseosa horizontalidad.
Liquidados, flechados, encontrados
en medio de la lluvia, La humedad del fuego.
Tus labios, tus piernas
La recámara cargada,
repleta o vaciada.
y tus dientes apretados
en inquietante sincronía.
El placer que emana de tu boca
y se evapora en sublime adiós.
Exhaustos.
Sueño reparador, necesario e inev-
itable.
Desagotado.
¿Es lo que habrá sentido el primer
ser humano al ver su reflejo en el
agua?
¿Es lo que se siente en cada reen-
cuentro?
Las vibraciones en la piel.
El goce en el cuerpo por las pal-
abras.
Siempre hay amor por lo que falta.
Siempre hay amor que falta.
Mientras el agua cae y brota,
la risa encuentra gotas,
las lágrimas de las idealizaciones
de una misma memoria
que arma, ama y desarma
en cuentagotas,
en letra se transforma.
El esfuerzo, el miedo y la ansiedad
también transportan agua.
No sé con qué te quedaste vos,
yo me quedé con el recuerdo de lo
que nunca fue
árido
y tus ojos color del tiempo
que siempre anunciaban lluvia.