Instantánea
a Andre
La luna se ha volcado
sobre tu cuerpo
sin pedir permiso
esta noche,
y una vez más
inunda
con su tibio reflejo,
tras la ventana,
las luces y sombras
de tu traje de nácar.
Primero tú...
has quedado como sirena
varada en mi playa.
Me bebí todos tus mares
y hoy la sal de tu espuma
me carcome los huesos.
Silueta desdibujada,
apenas cincelada
en la pared en llamas,
revueltas las crines
sobre tus hombros.
Llegaste exhausta,
de cabalgar otros mil soles
para yacer desnuda
a orillas de mi río.
Ahora...
tus labios,
como vientos de fuego,
en guerra con los míos,
van trazando surcos
por la cresta de mi cintura,
inquieta,
que se eleva y se hunde
se eleva y se hunde...
invitándote a una danza
tierna,
ancestral.
Tus manos de labriega
sembrarán en mis muslos
minúsculos pasos de gorrión,
gotitas de tu lluvia,
que serán,
el alimento de mis campos
yermos.
Y luego,
yo...
inmóvil
me siento flotar
sobre tu alfombra mágica.
Con ojos de niña cruel
te exijo,
a gritos de almohadas...
ahogada...
en éxtasis
en el silencio de esta noche,
una instantánea más,
una pompa de susurros
a morir en mi ombligo,
una pelusa crespa,
una estrella del cielo
que ilumine mis montes.
Que las arenas quiméricas
me acunen
que tus brazos me azoten a
caricias,
que este viento rebelde
me queme en tus infiernos,
pecadora.
Y que a golpes de tambor,
mi corazón,
me incites a trotar
hacia otros bosques.
Una vez más...
caigo sobre tus sienes
con minúsculos besos
y me encierro,
celosa,
en la palma de tu mano,
que me contiene,
pequeña,
minúscula,
indefensa.
Te canto mis lamentos
de perra en celo.
Repito mi estribillo,
mi canto cruel,
una y otra vez,
queriendo amordazarme.
Pretendiendo atraparte
con mis telas de araña,
con mis uñas de gata
jurando no soltarte,
dibujo mi deseo
en la cruz de tu espalda.
Y al final...
tu madera y mis clavos
recibirán con ansias
el tibio retozar de dos cuer-
pos,
mientras este crepúsculo
ciego
nos sueña ya dormidas,
tras una noche ardiente
de puños
clausurados.