Chubasco en Primavera N° 09 | Seite 10

Instantánea a Andre La luna se ha volcado sobre tu cuerpo sin pedir permiso esta noche, y una vez más inunda con su tibio reflejo, tras la ventana, las luces y sombras de tu traje de nácar. Primero tú... has quedado como sirena varada en mi playa. Me bebí todos tus mares y hoy la sal de tu espuma me carcome los huesos. Silueta desdibujada, apenas cincelada en la pared en llamas, revueltas las crines sobre tus hombros. Llegaste exhausta, de cabalgar otros mil soles para yacer desnuda a orillas de mi río. Ahora... tus labios, como vientos de fuego, en guerra con los míos, van trazando surcos por la cresta de mi cintura, inquieta, que se eleva y se hunde se eleva y se hunde... invitándote a una danza tierna, ancestral. Tus manos de labriega sembrarán en mis muslos minúsculos pasos de gorrión, gotitas de tu lluvia, que serán, el alimento de mis campos yermos. Y luego, yo... inmóvil me siento flotar sobre tu alfombra mágica. Con ojos de niña cruel te exijo, a gritos de almohadas... ahogada... en éxtasis en el silencio de esta noche, una instantánea más, una pompa de susurros a morir en mi ombligo, una pelusa crespa, una estrella del cielo que ilumine mis montes. Que las arenas quiméricas me acunen que tus brazos me azoten a caricias, que este viento rebelde me queme en tus infiernos, pecadora. Y que a golpes de tambor, mi corazón, me incites a trotar hacia otros bosques. Una vez más... caigo sobre tus sienes con minúsculos besos y me encierro, celosa, en la palma de tu mano, que me contiene, pequeña, minúscula, indefensa. Te canto mis lamentos de perra en celo. Repito mi estribillo, mi canto cruel, una y otra vez, queriendo amordazarme. Pretendiendo atraparte con mis telas de araña, con mis uñas de gata jurando no soltarte, dibujo mi deseo en la cruz de tu espalda. Y al final... tu madera y mis clavos recibirán con ansias el tibio retozar de dos cuer- pos, mientras este crepúsculo ciego nos sueña ya dormidas, tras una noche ardiente de puños clausurados.