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Viene de la pág. 10 de reaprenderse. Los hábitos no son una excepción a esta regla y se pueden cambiar. El mejor modo de terminar con uno negativo es empezar uno nuevo y positivo que lo sustituya, y que esté propulsado por la fuerza imbatible de la motivación. “El secreto del éxito se encuentra en la rutina diaria” John C. Maxwell No hay una mejor estrategia para conseguir lo que se desea en la vida que crear hábitos positivos que con- duzcan a lograrlo, y después, delegar el trabajo en el poder de la costumbre, seguir el flujo del tiempo, y dejar de esforzarse una vez puesto en marcha el im- pulso de la inercia. Las personas que nos rodean: familia, amistades, compañeros de trabajo… crean una gran influencia en cada uno de nosotros. En psicología se conoce este efecto como la influencia del “grupo de referencia”. Es una información silenciosa, inconsciente y que se acumula con el paso del tiempo. Y se traduce en una imitación inconsciente de lo que el “grupo” dice, pien- sa, hace, siente, come, viste, se comporta… Se podría decir que una persona es la suma de las in- fluencias personales que ha recibido a lo largo de su vida, que, como es de imaginar, pueden ser positivas o negativas, y acabará pareciéndose mucho a la gente con la que tiene más trato. La pregunta que nos de- beríamos formular es: ¿quién o quienes ejercen ese poder sobre mí? La persistencia del ‘pit bull’ ¿Qué tienen en común los empresarios de éxito y las personas que consiguen realizar sus sueños? Simple- mente, ¡no se rinden nunca! Han aprendido la disci- plina de la persistencia. Esto es verdad tanto para la gente que consigue sus sueños profesionales como personales. Pero esta cualidad es muy rara en la po- blación en general. Vivimos en una era de gratifica- ción instantánea. ¡Los adultos quieren conseguir sus sueños inmediatamente! Y cuando no lo logran, sus sueños van bajando en la escala de valores, son demo- rados y, finalmente, abandonados”. Pasos simples hacia sueños imposibles, de Steven K. Scott. ¿Es importante filtrar las influencias que recibimos? Por supuesto que sí, ignorar su efecto puede salir caro. Y si no, que se lo pregunten a cualquier padre o madre que vigila escrupulosamente con quién anda su hijo o hija. Tan importante es el efecto de las compañías en un adolescente como en un adulto. A fin de cuentas, como afirma el dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres” o “Dios los cría y ellos se juntan”. 22 Informes Casi siempre que se toma una decisión, las personas empiezan con mucha energía y empeño, pero, a la larga, acaban abandonando. Ese exceso inicial es en realidad contraproducente porque semejante nivel de energía no se puede mantener por mucho tiem- po. Querer hacerlo todo cuanto antes es provocar el abandono. Es mejor iniciar la tarea o el plan con me- nos fuerza, pero mantenerlo en el tiempo hasta con- seguir el objetivo. El éxito es resultado de dosificar las fuerzas, de mantener el ritmo, de la regularidad. Es así como se ganan carreras y como los equipos consiguen torneos. La disciplina es esa regularidad, constancia, cadencia o ritmo. No hace falta hacer mucho de golpe, pero sí algo cada día. Por ejemplo, al empezar una dieta es mejor aplicarse a unas normas razonables y no saltár- selas ni un día, antes que matarse de hambre los tres primeros días. Los atletas saben muy bien que las me- dallas se consiguen dosificando el ritmo. Una vez más, es el poder de los pequeños pasos, que proporcionan resultados extraordinarios. De nada sirve tener una arrancada de caballo y des- pués una parada de burro. Eso significa ser víctima de un gran entusiasmo inicial, no dosificado, para pasar a abandonar y volver al estadio inicial al poco tiem- po. Los arrebatos no conducen a nada; pero los planes sostenidos y la constancia conducen a todas partes. “Te convertirás en una combinación de las cinco per- sonas con quienes pasas más tiempo” Jim Rohn Todas las personas tienen sueños, pero no todas los consiguen. ¿Es cuestión de mérito, genes, inteligencia o suerte? No, más bien se debe a trabajar para con- seguirlos con método; es decir, mediante una rutina diaria. Repetir una acción cada día, semana o mes. Un acto que está implícito en la agenda y ni siquiera hay que apuntarlo, se da por hecho. Es como cepillarse los dientes, se hace automáticamente después de cada comida, sin que haga falta recordarlo. Cuando se pone en marcha un objetivo, lo primero que conviene hacer es preguntarse qué rutinas condu- cirán a él. Seguramente, un buen coach preguntaría a su cliente: “¿Qué tres acciones sencillas te acercarían a tus grandes objetivos?”. Sí, pasos simples hacia re- sultados extraordinarios. Y si esa persona es sistemá- tica, y se aplica a dar tres pasos diarios, su éxito está asegurado. No importa lo lejos que vaya, tres pasos al día, tarde o temprano, le llevarán a donde sea que se dirija. (55) 4323.2696 y (777) 203.2530