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Con excesiva frecuencia el término disci- plina, en la teoría y la práctica, ha signifi- cado modificar la conducta del niño lle- vándolo a realizar “acciones adecuadas”. Sin embargo, rara vez se le considera en su sentido más amplio; es decir, como el conjunto de normas, decisiones, prác- ticas y estrategias que se llevan a cabo para que los hijos aprendan un auto- control inteligente así como formas ma- duras y responsables de conducta que les ayuden a superar los obstáculos a lo largo de su vida. En este sentido, la disciplina nunca ope- ra en el vacío y su principal valor radica en el desarrollo, a largo plazo, de indivi- duos capaces de discernir entre el bien y el mal pero también, de utilizar sus controles internos para actuar en conse- cuencia y aceptar la responsabilidad de sus actos. Si bien, el concepto de estimular la auto-dirección inteligente implica que debe permitirse a los niños tanta liber- tad como sean capaces de aprovechar juiciosamente, dicha libertad no debe confundirse con la indulgencia de “dejar que los pequeños hagan lo que quieran” evadiendo cualquier dirección o límite. Establecer normas claras y ejercer una autoridad equilibrada son, general- mente, los principales problemas que enfrentan los padres. Especialistas coin- ciden en que los padres excesivamente 30 Informes permisivos generan en el niño conductas rebeldes y desafiantes; por el contrario, los niños tratados con un marcado au- toritarismo se tornan pasivos, sumisos y dependientes. Entonces, ¿cuáles son los factores en una disciplina efectiva? Lo primero es comprender que las reglas tienen la función de preservar la segu- ridad del niño y evitar que su conducta afecte de manera negativa a los demás. Procuremos establecer algunas normas esenciales, coherentes, justas, razona- bles y firmemente aplicadas mejor que muchas no cumplidas. Evitar la inconsistencia en las acciones disciplinarias, ser congruente entre lo que dice y lo que hace, respetar la auto- ridad de su pareja y mantener una bue- na comunicación con el niño son tam- bién factores de gran importancia en el proceso. Con el tiempo el niño podrá participar cada vez más en la determinación de las reglas y llegará el momento en que podrá administrar con libertad sus pro- pios límites, aquellos que él mismo es- tablecerá, y que separan lo que puede de lo que no puede hacer, lo que está bien de lo que está mal, sus derechos de sus deberes, etc. Una autodisciplina que llevará, sin duda, su sello particular, pero en ella estarán presentes los preceptos y valores que a lo largo de su niñez y ado- lescencia fueron edificando sus padres. 203.2530 y 01 (55) 4323.2696