-Temo que te moleste charlar un rato conmigo, Trotwood.
-De ninguna manera, mister Dick, hágame el favor de entrar.
-Trotwood -me dijo, apoyándose el dedo en la nariz, después de estrecharme la mano -,
antes de sentarme que rria hacerte una observación. ¿Conoces a tu tía?
-Un poco --contesté.
-¡Es la mujer más extraordinaria del mundo, caballero!
Y después de decir esta frase, que lanzó como una bale de cañón, míster Dick se sentó,
con una expresión más grave que de costumbre, y me miró.
-Ahora, hijo mío -añadió-, voy a hacerte una pregunta.
-Puede usted hacerme todas las que quiera.
-¿Qué piensas de mí, caballero? - me preguntó cruzando los brazos.
-Que es usted mi antiguo y buen amigo.
-Gracias, Trotwood -respondió mister Dick riendo y estrechándome la mano con una
alegría expansive-. Pero no es eso lo que quiero decir, hijo mío --continuó en tono más
serio- ¿Qué piensas de mí desde este punto de vista? (y se tocaba la frente).
Yo no sabía cómo contestar; pero vino en mi ayuda.
-Que tengo la inteligencia débil, ¿no es eso? Y -Pero... -le dije en tono indeciso- quizá
un poco.
-¡Precisamente! -exclamó mister Dick, que parecía encantado de mi respuesta-. Y es
que, ¿sabes, Trotwood?, cuando quitaron un poco del desorden que había en la cabeza
de... ya sabes de quién... pare meterlo ya sabes dónde... sucedió...
Y mister Dick hizo muchas veces con las manos el molinete, y después golpeó una con
otra, y volvió al ejercicio del molinete pare expresar una gran confusión. Esto es lo que
me hen hecho; esto es.
Yo le hice un gesto de aprobación, que él me devolvió.
-En una palabra, hijo mío -dijo mister Dick bajando la voz de pronto-, que soy un poco
simple.
Iba a negarlo, pero me detuvo.
-Sí, sí. Ella pretende que no. No quiere que se lo digan; pero es así. Lo sé. Si no la
hubiera tenido de amiga desde hace tantos años, me hubieran encerrado y llevaría la vida
más triste. Pero sabré corresponderla, no temas. Nunca gasto lo que gano haciendo las
copias. Lo meto en una hucha. He hecho mi testamento; ¡y se lo dejo todo! Será rica...
noble.
Mister Dick sacó el pañuelo del bolsillo y se enjugó los ojos. Pero lo volvió a doblar
cuidadosamente y volvió a guardárselo, y pareció que al mismo tiempo hacía desaparecer
a mi tía.
-Tú eres muy instruido, Trotwood -dijo mister Dick-, tú eres muy instruido. Tú sabes lo
sabio que es el doctor; tú sabes el honor que me ha hecho siempre. La ciencia no le ha
vuelto orgulloso. Es humilde, humilde y lleno de transigencia hasta para el pobre Dick,
que tiene una inteligencia tan lim