Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Seite 45

Un día, Mark volvía caminando del colegio cuando vio que el chico que iba adelante había tropezado y se le habían caído todos los libros que llevaba, además de dos abrigos, un bate de béisbol, un guante y un grabador pequeño. Mark se arrodilló y colaboró con el chico en recoger los artículos diseminados. Como iban en la misma dirección, lo ayudó a llevar parte de las cosas. Mientras caminaban, Mark descubrió que el chico se llamaba Bill, que le encantaban los videojuegos, el béisbol y la historia, que tenía muchos problemas con las demás materias y que acababa de romper con su novia. Llegaron a la casa de Bill, y Mark fue invitado a tomar una Coca-Cola y a mirar un poco de televisión. La tarde fue agradable, con risas y charla compartidas y Mark regresó a su casa. Siguieron viéndose en el colegio, y almorzaron juntos una o dos veces, hasta que los dos terminaron el ciclo básico. Completaron los estudios del ciclo medio en la misma secundaria donde mantuvieron sus breves contactos a lo largo de los años. Finalmente, llegó el esperado último año y, tres semanas antes de recibirse, Bill le preguntó a Mark si podían hablar. Entonces le recordó el día en que se habían conocido muchos años antes. “¿Nunca te preguntaste por qué llevaba tantas cosas a casa aquel día?”, preguntó Bill. “Sabes, había limpiado mi armario porque no quería dejarle un revoltijo a nadie. Había guardado algunas