canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 70

literatura fantástica Juego de tronos mente necesita de los libros igual que una espada de una piedra de amolar, para conservar el filo. — Tyrion dio un golpecito a la tapa de cuero del libro—. Por eso leo tanto, Jon Nieve. El chico absorbió la información en silencio. No tenía el apellido de los Stark, pero sí el rostro: alargado, solemne, cauteloso, un rostro que no delataba nada. Fuera quien fuera su madre, no había dejado gran cosa en su hijo. —¿De qué trata ese libro? —preguntó. —De dragones. —¿Y para qué te sirve? Ya no existen —dijo el chico, con la inmensa seguridad que da la juventud. —Eso dice la gente —replicó Tyrion—. Qué pena, ¿no? Cuando yo era de tu edad soñaba con tener un dragón para mí solo. —¿De verdad? —inquirió Jon, desconfiado. Quizá pensara que Tyrion se estaba burlando de él. —De verdad. Hasta un niño feo y deforme puede mirar el mundo desde arriba si va a lomos de un dragón. —Tyrion apartó a un lado las pieles de oso y se puso en pie—. A veces encendía hogueras en las entrañas de Roca Casterly, y me pasaba las horas contemplando las llamas, haciendo como si fueran fuegodragón. A veces me imaginaba que mi padre ardía en ellas. Otras, que era mi hermana. — Jon Nieve lo miraba tan horrorizado como fascinado. Tyrion se echó a reír a carcajadas—. No pongas esa cara, bastardo. Yo sé tu secreto. Tienes los mismos sueños. —No —se espantó Jon—. Yo jamás... —¿No? ¿Nunca? —Tyrion arqueó las cejas—. Vaya, me imagino que los Stark han sido muy, pero que muy buenos contigo. Seguro que Lady Stark te trata como si fueras hijo suyo. Y en cuanto a tu hermano Robb, siempre ha sido cariñoso contigo, ¿por qué no? El se quedará con Invernalia, y tú con el Muro. En lo que respecta a tu padre... bueno, seguro que ha tenido excelentes motivos para despacharte a la Guardia de la Noche... —Basta ya —dijo Jon Nieve, con el rostro contraído por la rabia—. ¡La Guardia de la Noche es una vocación muy noble! —Eres demasiado listo para creerte semejante cosa —dijo Tyrion después de reírse—. La Guardia es un pudridero para los inadaptados de todo el reino. Ya he visto cómo mirabas a Yoren y a sus pupilos. Ésos son tus nuevos hermanos, Jon Nieve, ¿te gustan? Campesinos hoscos, deudores, cazadores furtivos, violadores, ladrones y bastardos como tú. Todos acabáis en el Muro, vigilando por si aparecen grumkins, snarks y todos los monstruos con los que te asustaba tu ama de cría. Lo bueno es que los grumkins y los snarks no existen, así que como trabajo no es muy peligroso. Lo malo es que se te congelarán los huevos, pero como de todos modos no te dejan tener hijos tampoco importa mucho. —¡Basta ya! —chilló el chico. Dio un paso hacia adelante con los puños apretados, al borde de las lágrimas. De pronto, sin motivo, Tyrion se sintió culpable. Se adelantó para dar al chico una palmadita en la espalda, o murmurar alguna disculpa. No vio al lobo, no supo dónde estaba ni cómo llegó hasta él. En un momento dado estaba avanzando hacia Nieve, y al siguiente se encontraba tendido de espaldas contra el suelo de roca dura, el libro se le había caído de las manos, el impacto lo había dejado sin aliento y tenía la boca llena de tierra, sangre y hojas podridas. Cuando trató de levantarse sintió un doloroso calambre en la espalda. Se había hecho daño en la caída. Apretó los dientes frustrado, se agarró a una raíz y se incorporó. Tendió una mano hacia el chico. —Ayúdame —pidió. Y de pronto el lobo estaba entre ellos. No gruñó. Aquel animal del infierno nunca emitía el menor sonido. Se limitó a mirarlo con sus brillantes ojos rojos y a enseñarle los colmillos, cosa que fue más que suficiente. Tyrion volvió a dejarse caer al suelo con un quejido—. Pues no me ayudes. Me quedaré aquí hasta que os vayáis. —Pídemelo con educación. —Jon acarició el espeso pelaje blanco de Fantasma. Ahora sonreía. Tyrion Lannister sintió que la rabia hervía en su interior, y la dominó a fuerza de voluntad. No era la primera vez que lo humillaban, y tampoco sería la última. Y quizá en aquella ocasión se lo merecía. —Estaría muy agradecido si me prestaras tu ayuda, Jon —dijo con voz dócil. —Al suelo, Fantasma —dijo el chico. 70