canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 68
literatura fantástica
Juego de tronos
El tío de Jon no despertaba en él la misma simpatía. Por lo visto Benjen Stark compartía
con su hermano la animadversión contra los Lannister, y no se alegró en absoluto cuando Tyrion
le comunicó sus intenciones.
No hay posadas en el Muro, Lannister, te lo advierto —le había dicho mirándolo desde
toda su altura.
—Estoy convencido de que encontrarás algún lugar donde meterme —fue la réplica de
Tyrion—. No sé si te habrás dado cuenta, pero soy muy pequeño.
Por supuesto, al hermano de la reina nadie le negaba nada, así que el asunto quedó zanjado,
pero a Stark no le hizo la menor gracia.
—No vas a disfrutar con el viaje, te lo garantizo —amenazó en su momento.
Y desde que se pusieron en marcha había hecho todo lo posible por cumplir aquella promesa.
Al final de la primera semana Tyrion tenía los muslos en carne viva de tanto cabalgar, sentía
calambres atroces en las piernas y estaba helado hasta los huesos. Pero en ningún momento se quejó.
Antes la muerte que dar aquella satisfacción a Benjen Stark.
Saboreó un atisbo de venganza con el asunto de sus ropas de montar, unas pieles de oso
andrajosas, viejas y malolientes. Stark se las había ofrecido en un alarde de la galantería propia de la
Guardia de la Noche, esperando sin duda que él las rechazara elegantemente. Tyrion las aceptó con
una sonrisa. Cuando salieron de Invernalia llevaba las ropas más abrigadas que tenía, y pronto
descubrió que eran del todo insuficientes. Allí arriba hacía frío, mucho frío, cada vez más. Por las
noches las temperaturas descendían muy por debajo del punto de congelación, y cuando soplaba el
viento era como un cuchillo que cortara sus mejores ropajes de lana. Sin duda Stark lamentaba ya su
impulso caballeroso. Quizá hubiera aprendido la lección. Los Lannister no rechazaban nada, ni
elegantemente ni de ninguna manera. Los Lannister aceptaban todo lo que se les ofrecía.
A medida que avanzaban hacia el norte las granjas y los refugios eran cada vez más escasos y
pequeños, y estaban más adentrados en el Bosque de los Lobos, hasta que al final ya no les quedaron
más techos bajo los que cobijarse; a partir de allí sólo podrían contar con sus recursos.
Tyrion no servía de gran cosa a la hora de montar ni de levantar un campamento; demasiado
pequeño, demasiado cojo, siempre es