canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 60
literatura fantástica
ante él.
Juego de tronos
—Di a Khal Drogo que me ha regalado el viento —pidió al magíster Illyrio cuando se detuvo
El obeso pentoshi se acarició la barba amarilla y repitió sus palabras en dothraki, y por
primera vez Dany vio sonreír a su esposo.
El último jirón de sol desapareció tras los altos muros de Pentos en aquel momento. Dany
había perdido la noción del tiempo. Khal Drogo ordenó a sus jinetes de sangre que le llevaran su
caballo, un esbelto semental castaño rojizo. Mientras el khal lo ensillaba, Viserys se acercó a Dany,
que seguía a lomos de la yegua plateada, y le clavó los dedos en la pierna.
—Haz que quede satisfecho, hermanita, o te juro que verás despertar al dragón como nunca lo
has visto antes.
El miedo regresó con las palabras de su hermano. Volvió a sentirse una niña; tenía sólo trece
años y estaba sola, no se sentía preparada para lo que estaba a punto de suceder.
Cabalgaron juntos mientras empezaban a aparecer las estrellas, y dejaron atrás el khalasar y
los palacios de hierba. Khal Drogo no le dirigió la palabra; se limitó a montar su semental a paso
ligero en el crepúsculo. Las campanillas de plata de su larga trenza tintineaban suavemente.
—Soy de la sangre del dragón —susurraba Dany tras él, tratando de conservar el valor—. Soy
de la sangre del dragón. Soy de la sangre del dragón.
El dragón nunca tenía miedo.
Más adelante no habría sabido decir cuánto tiempo pasó ni cuánta distancia recorrieron a
caballo, pero ya había oscurecido por completo cuando se detuvieron en un prado cubierto de hierba
junto a un arroyo. Drogo descabalgó y la bajó de la yegua. Dany se sentía frágil como el cristal en sus
manos, y no se atrevía a confiar en sus piernas. Se quedó allí, desvalida y temblorosa con su túnica
matrimonial de seda, mientras él ataba los caballos; cuando se volvió para mirarla, ella se echó a
llorar.
—No —dijo Khal Drogo, que contemplaba sus lágrimas con un rostro extrañamente
inexpresivo. Alzó la mano y se las secó rudamente con un pulgar encallecido.
—Hablas la lengua común —se maravilló Dany. —No —repitió él.
Quizá fuera la única palabra que sabía, pensó, pero al menos sabía una, más de lo que ella
esperaba. Aquello hizo que se sintiera mejor en cierto modo. Drogo le rozó el cabello con suavidad,
acarició con los dedos las hebras de oro blanco de su pelo, al tiempo que murmuraba algo en dothraki.
Dany no comprendió qué decía, pero su tono de voz era cálido y tenía una ternura que nunca habría
esperado de aquel hombre.
Le puso un dedo bajo la barbilla y le levantó la cabeza para que lo mirase a los ojos. Drogo se
alzaba muy por encima de ella, superaba en estatura a todo el mundo. La asió suavemente por debajo