canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 54
literatura fantástica
Juego de tronos
habitación—• Recé para que se quedara —siguió con voz átona—. Era mi hijito del alma, mi favorito.
Fui al sept y recé siete veces a los siete rostros de Dios para que Ned cambiara de idea y permitiera
que se quedara aquí, conmigo. A veces las plegarias reciben respuesta.
—No ha sido culpa tuya —dijo Jon tras unos instantes de silencio tenso sin saber qué decir.
—No te he pedido tu absolución, bastardo. —Lady Stark clavó la mirada en él, estaba llena de
odio.
Jon bajó la vista. La mujer sostenía una de las manos de Bran. Él tomó la otra y la apretó. Los
dedos eran como huesos de pajarillo.
—Adiós —dijo.
—Jon —lo llamó Lady Stark cuando ya estaba en la puerta.
El chico no se habría detenido, pero era la primera vez que se dirigía a él por su nombre. Se
dio la vuelta, y vio que lo miraba directamente a la cara, como si lo viera por primera vez.
-¿Sí?
—Ojalá te hubiera pasado a ti —le dijo.
Luego se volvió de nuevo hacia Bran y se echó a llorar, con unos sollozos que le estremecían
todo el cuerpo. Jon nunca la había visto llorar.
El descenso hasta el patio se le hizo muy largo.
En el exterior reinaban el ruido y la confusión. Los hombres cargaban carromatos, gritaban,
ponían arneses a los caballos, los ensillaban y los sacaban de los establos. Había empezado a caer una
ligera nevada y todo el mundo tenía prisa por partir.
Robb estaba en medio del caos, gritando órdenes como el que más. En los últimos días parecía
haber crecido, como si la caída de Bran y el estado de su madre le hubieran dado fuerzas. Junto a él se
encontraba Viento Gris.
—El tío Benjen te está buscando —dijo a Jon—. Quería haber emprendido la marcha hace una
hora.
—Ya lo sé —dijo Jon—. Iré enseguida. —Miró a su alrededor, entre el jaleo y la confusión—.
La partida me está resultando más dura de lo que pensaba.
—A mí también —dijo Robb. Tenía nieve en el pelo, y se le derretía con el calor corporal—.
¿Has ido a verlo? —Jon asintió. Desconfiaba de su voz, y no se atrevió a hablar—. No va a morir —
añadió Robb—. Losé.
Los Stark sois duros de pelar —asintió Jon. Parecía agotado. La visita le había quitado todas
las fuerzas. Robb supo al instante que algo iba mal.
—Mi madre...
—Ha sido... muy amable —le dijo Jon.
—-Menos mal. —Su medio hermano pareció aliviado y sonrió—. La próxima vez que nos
veamos irás vestido de negro.
— Siempre me ha sentado bien ese color. —Jon se obligó a
devolverle la sonrisa—. ¿Cuándo será eso?
—Pronto, de verdad —prometió Robb. Se acercó a Jon y lo abrazó con energía—. Hasta la
vista, Nieve.
—Hasta la vista, Stark —dijo Jon abrazándolo a su vez—. Cuida mucho de Bran.
—Descuida. —Se separaron y se miraron algo incómodos—. El tío Benjen dijo que, si te veía,
te enviara a los establos —añadió Robb.
—Aún me falta despedirme de alguien —respondió Jon.
—Entonces, no te he visto —dijo Robb.
Jon se alejó del muchacho, que quedó rodeado de carromatos, lobos y caballos.
Recorrió la corta distancia que lo separaba de la armería. Recogió un paquete, y echó a andar
por el puente cubierto que llevaba al Torreón.
Arya estaba en su habitación, colocando sus pertenencias en un baúl de tamarindo pulido en el
que ella misma habría podido meterse. Nymeria la ayudaba. Arya sólo tenía que señalar, y la loba
cruzaba la habitación en un par de saltos, agarraba una prenda de seda con los dientes y se la llevaba.
Pero, cuando olió a Fantasma, se sentó sobre las patas traseras y aulló.
Arya miró hacia atrás, vio a Jon, se puso en pie de un salto y le echó los delgados brazos al
cuello.
—Tenía miedo de que te hubieras marchado ya —dijo, emocionada—. No me dejaban salir a
despedirte.
—¿Qué has hecho esta vez? —preguntó Jon echándose a reír.
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