canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 333
literatura fantástica
Juego de tronos
—Será un placer —dijo Tyrion después de lamerse los dedos—. La hermosa doncella es
Chella, hija de Cheyk, de los Orejas Negras.
—No soy ninguna doncella —protestó Chella—. Mis hijos han cortado ya cincuenta orejas.
—Y ojalá corten cincuenta más. —Tyrion siguió adelante—. Éste es Conn, hijo de Coratt. El
que parece Roca Casterly con pelo es Shagga, hijo de Dolf. Los dos son Grajos de Piedra. Éste es Ulf,
hijo de Umar, de los Hermanos de la Luna, y aquí os presento a Timett, hijo de Timett, un mano roja
de los Hombres Quemados. Y por último, éste es Bronn, un mercenario sin lealtades particulares. En
el breve tiempo que hace que lo conozco ha cambiado de bando dos veces. Te llevarás de maravilla
con él, padre. —Se volvió hacia Bronn y los hombres de los clanes—. Quiero presentaros a mi señor
padre, Tywin, hijo de Tytos, de la Casa Lannister, señor de Roca Casterly, Guardián de Occidente,
Escudo de Lannisport, que una vez fue Mano del Rey, y probablemente volverá a serlo.
—Hasta en el occidente conocemos las proezas de los clanes guerreros de las Montañas de la
Luna —dijo Lord Tywin levantándose, digno y correcto—. ¿Qué os trae desde vuestras fortalezas, mis
señores?
—Caballos —dijo Shagga.
—Una promesa de seda y acero —dijo Timett, hijo de Timett.
Tyrion estaba a punto de informar a su padre de cómo se proponía reducir el Valle de Arryn a
un erial humeante, pero no le dieron ocasión. La puerta se abrió de golpe otra vez. El mensajero dirigió
una mirada de extrañeza a los hombres de los clanes antes de hincar una rodilla en tierra ante Lord
Tywin.
—Mi señor —dijo—, Ser Addam me envía a deciros que el ejército Stark avanza.
Lord Tywin Lannister no sonrió. Lord Tywin nunca sonreía, pero Tyrion había aprendido a
leer la satisfacción en el rostro de su padre.
—Así que el lobezno sale de su guarida y quiere jugar con los leones —dijo con voz
tranquila—. Espléndido. Vuelve con Ser Addam y dile que no debe atacar a los norteños hasta que
lleguemos nosotros. En cambio, quiero que los hostigue por los flancos y los obligue a avanzar más
hacia el sur.
—Se hará como ordenáis —dijo el jinete, tras lo cual se retiró.
—Aquí estamos bien situados —señaló Ser Kevan—. Cerca del vado, y rodeados de fosos y
empalizadas. Si vienen hacia el sur, deja que se acerquen, ya se estrellarán contra nosotros.
—Puede que el chico, al ver nuestro número, se retire, o pierda el valor —replicó Lord
Tywin—. Cuanto antes quebremos a los Stark, antes estaré libre para encargarme de Stannis
Baratheon. Ordena que los tambores toquen para convocar una asamblea, y haz llegar a Jaime la
noticia de que voy a avanzar contra Robb Stark.
—Como desees —dijo Ser Kevan.
Tyrion observó con fascinación sombría cómo su padre se volvía hacia los semisalvajes
hombres de los clanes.
—Dicen que los hombres de los clanes de las montañas son guerreros sin miedo.
—Dicen la verdad —respondió Conn, de los Grajos de Piedr