canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 317
literatura fantástica
Juego de tronos
DAENERYS
Cuando hubo obtenido placer, Khal Drogo se levantó de las mantas de dormir, imponente
como un torreón. La luz rojiza de los braseros le arrancaba destellos de la piel oscura como el
bronce, y destacaba las líneas tenues de antiguas cicatrices en el pecho amplio. El pelo suelto,
negro como la tinta, le caía sobre los hombros y por la espalda, más allá de la cintura. Su miembro
tenía un brillo húmedo. El khal tenía los labios fruncidos bajo los largos bigotes.
—El semental que monta el mundo no necesita sillas de hierro.
Dany se incorporó sobre un codo para mirarlo, tan alto, tan magnífico. Lo que más le
gustaba era su cabello. Nunca se lo había cortado, porque no conocía la derrota.
—La profecía dice que el semental cabalgará hasta los confines de la tierra —dijo.
—La tierra termina en el mar de sal negra —replicó Drogo al instante. Mojó un paño en
un barreño de agua tibia para limpiarse el sudor y el aceite de la piel—. Caballo no puede cruzar
agua envenenada.
—En las Ciudades Libres hay miles de barcos —le dijo Dany, como tantas veces antes—.
Caballos de madera con cien patas, que vuelan sobre el mar con alas llenas de viento.
—No hablaremos más de caballos de madera y sillas de hierro. —Khal Drogo no quería
oír hablar de aquello. Soltó el paño y empezó a vestirse—. Hoy iré a la hierba a cazar, mujer
esposa —anunció mientras se ponía un chaleco pintado y se abrochaba un cinturón ancho, hecho
de medallones de plata, oro y bronce.
—Sí, mi sol y estrellas —dijo Dany.
Drogo y sus jinetes de sangre iban a cabalgar en busca del hrakkar, el gran león blanco de
las llanuras. Si regresaban triunfantes, su señor esposo estaría de excelente humor, y