canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 239

literatura fantástica Juego de tronos Tyrion Lannister había permanecido sentado en un balcón al otro lado del jardín, flanqueado por sus guardias. A él se volvió Bronn con un saludo apresurado. —Esperan vuestra orden —dijo Lady Lysa a su hijo, el señor. —¡Combatid! —gritó el chico, con los brazos temblorosos y las manos aferradas a la silla como garfios. Ser Vardis giró, levantando el pesado escudo. Bronn se dispuso a hacerle frente. Las espadas chocaron, una, dos veces, probando las fuerzas. El mercenario retrocedió un paso. El caballero lo persiguió, con el escudo levantado ante sí. Lanzó un tajo, pero Bronn retrocedió, poniéndose fuera de su alcance, y la hoja plateada solamente cortó el aire. Bronn se movió hacia su derecha. Ser Vardis se desplazó para seguirlo, con el escudo entre ambos. El caballero avanzaba pisando con cuidado el suelo irregular. El mercenario retrocedía, con una leve sonrisa en los labios. Ser Vardis atacó, lanzando estocadas, pero Bronn retrocedió dando un pequeño salto sobre una piedra, cubierta de musgo. El mercenario giró a la izquierda, apartándose del escudo, aproximándose al flanco desprotegido del caballero. Ser Vardis intentó un ataque a las piernas, pero no llegó. Bronn siguió danzando hacia su izquierda. Ser Vardis giró en el sitio. —Ese hombre es un cobarde —declaró Lord Hunter—. ¡Detente y pelea, miserable! —Varias voces se hicieron eco de aquel sentimiento. Catelyn miró a Ser Rodrik. Su maestro de armas sacudió brevemente la cabeza. —Quiere que Ser Vardis lo persiga. El peso de la armadura y el escudo agotarían hasta al más fuerte de los hombres. Ella había visto a los hombres practicar con la espada casi todos los días de su vida, había presenciado medio centenar de torneos, pero esto era algo diferente y más letal: un baile, donde la menor equivocación en un paso significaba la muerte. Y mientras observaba, el recuerdo de otro duelo en otra época acudió a la memoria de Catelyn Stark, tan vividamente como si hubiera ocurrido el día anterior. Habían luchado en el patio inferior de Aguasdulces. Cuando Brandon vio que Petyr sólo llevaba el yelmo, la placa pectoral y la malla, se quitó casi toda la armadura. Petyr le había pedido a ella una prenda para llevarla, pero Catelyn lo había rechazado. Su padre, el señor, la había prometido a Brandon Stark, y fue a él a quien le dio su prenda, un pañuelo azul claro en el que había bordado la trucha saltarina de Aguasdulces. Mientras se lo ponía en la mano, miró a Brandon, suplicante. —Sólo es un niño tonto, pero lo quiero como a un hermano. Me causaría dolor verlo morir — le dijo. Su prometido la miró con los fríos ojos grises de los Stark, y le prometió no matar al chico que la amaba. Aquel combate terminó casi nada más empezar. Brandon era un hombre hecho y derecho, e hizo retroceder a Meñique a todo lo largo del patio hasta la escalera que llevaba al agua, descargando el acero sobre él a cada paso, hasta que el chico quedó tambaleándose y sangrando por una docena de heridas. «¡Ríndete!», le gritó en varias ocasiones, pero Petyr se limitaba a hacer un gesto de negación y seguía combatiendo, sombrío. Cuando el río les lamía ya los tobillos, Brandon puso punto final al duelo con un mandoble de revés, que cortó el cuero recubierto de anillas de acero de Petyr y le produjo una herida en la carne blanda, bajo las costillas, tan profunda que Catelyn creyó que sería mortal. Mientras caía, el chico la miró y murmuró: «Cat». La sangre, brillante, le fluía entre los dedos, recubiertos de malla. Catelyn pensaba que ya se había olvidado de aquello. Fue la última vez que vio su rostro... hasta el día en que la llevaron ante él, en Desembarco del Rey. Habían transcurrido dos semanas antes de que Meñique tuviera fuerzas suficientes para abandonar Aguasdulces, pero su padre, el señor, le prohibió visitarlo en la torre, donde yacía. Lysa ayudó a su maestre a cuidarlo, era más callada y retraída en aquella época. Edmure también fue a visitarlo, pero Petyr lo echó. Su hermano había actuado como escudero de Brandon en el duelo y Meñique no se lo perdonaría. Tan pronto como tuvo fuerzas suficientes para ser transportado, Lord Hoster Tully envió fuera a Petyr Baelish, en una litera cerrada, para que concluyera su restablecimiento en los Dedos, en la roca batida por el viento que lo había visto nacer. El sonido de acero contra acero llevó a Catelyn de regreso al presente. Ser Vardis atacaba con fiereza a Bronn, lanzándose sobre él con el escudo y la espada. El mercenario retrocedía, vigilando cada estocada, pisando con agilidad las rocas y las raíces, con los ojos siempre clavados en su adversario. Catelyn vio que era más; rápido: la espada plateada del caballero nunca estuvo próxima a 239