canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 232

literatura fantástica Juego de tronos —Agua, nada más. El maestre Pycelle dijo que tendríais sed. —Ned bebió. Tenía los labios secos y agrietados. El agua le supo dulce como la miel—. El rey ha dejado órdenes —siguió Vayon Poole cuando hubo vaciado la copa—. Quiere hablar con vos, mi señor. —Mañana —replicó Ned—. Cuando esté más fuerte. —No podía enfrentarse a Robert en aquel momento. El sueño lo había dejado débil como un gatito recién nacido. —Mi señor —insistió Poole—, ordenó que fuerais a verlo en cuanto abrierais los ojos. El mayordomo se fingía muy atareado encendiendo una vela en la mesilla. Ned maldijo entre dientes. La paciencia nunca había figurado entre las virtudes de Robert. —Dile que estoy demasiado débil para ir a verlo. Si quiere hablar conmigo, será un placer recibirlo aquí. Y espero que esté durmiendo profundamente cuando lo despiertes. Llama también a... —Iba a decir «Jory», cuando lo recordó todo—. Llamad también al capitán de mi guardia. Alyn entró en el dormitorio instantes después de que saliera el mayordomo. —Mi señor. —Poole me ha dicho que han pasado seis días —dijo Ned—. Necesito saber cómo está la situación. —El Matarreyes ha huido de la ciudad —relató Alyn—. Se dice que ha ido a Roca Casterly para unirse al ejército de su padre. Todo el mundo comenta cómo Lady Catelyn tomó prisionero al Gnomo. He puesto guardias adicionales, espero que os parezca bien. —Por supuesto —asintió Ned—. ¿Y mis hijas? —Han estado con vos día y noche, mi señor. Sansa reza en silencio, pero Arya... —Titubeó un instante—. No ha dicho ni una palabra desde que os trajeron. Es una verdadera fiera, mi señor. Jamás había visto tanta ira en una niña. —Pase lo que pase —dijo Ned—, quiero que mis hijas estén a salvo. Esto no ha hecho más que empezar. —No les sucederá nada, Lord Eddard —dijo Alyn—. Las protegeré con mi vida. —Jory y los demás... —Entregamos sus cuerpos a las hermanas silenciosas para que los llevaran al norte, a Invernalia. A Jory le habría gustado reposar junto a su abuelo. Tendría que ser junto a su abuelo, porque el padre de Jory estaba enterrado mucho más al sur. Martyn Cassel había perecido, junto con todos los demás. Después Ned había derribado la torre, y con sus piedras ensangrentadas había alzado ocho túmulos sobre el risco. Según se decía, Rhaegar la llamaba «torre de la alegría», pero para él sólo tendría ya siempre recuerdos amargos. Habían sido siete contra tres, pero sólo dos de su grupo sobrevivieron: el propio Eddard Stark y el menudo lacustre, Howland Reed. Volver a tener aquel viejo sueño tras tantos años no era un buen presagio. —Bien hecho, Alyn —decía Ned cuando regresó Vayon Poole. —Ha llegado Su Alteza, mi señor —dijo el mayordomo con una profunda reverencia—, viene con la reina. Ned se incorporó un poco, e hizo una mueca al sentir el dolor de la pierna. No había esperado recibir también a Cersei. Tampoco aquello auguraba nada bueno. —Hacedlos pasar y dejadnos a solas. Lo que hablemos no debe salir de aquí. Poole se retiró en silencio. Robert había tenido tiempo de vestirse. Llevaba un jubón de terciopelo negro, con el venado coronado de los Baratheon bordado en el pecho con hilo de oro, y una capa a cuadros dorados y negros. Sostenía un frasco de vino en la mano y ya tenía el rostro congestionado por la bebida. Tras él entró Cersei Lannister, con una diadema enjoyada en el pelo. —Altezas —saludo Ned—. Os ruego que me perdonéis. No puedo levantarme. —No importa —replicó el rey en tono seco—. ¿Un poco de vino? Es de Arbor. Buena cosecha. —Una copa pequeña —dijo Ned—. Todavía tengo la cabeza espesa por la leche de la amapola. —En vuestro lugar cualquier otro hombre se consideraría afortunado por tener todavía una cabeza sobre los hombros —declaró la reina. —Cállate, mujer —le espetó Robert. Tendió a Ned una copa de vino—. ¿Te sigue doliendo la pierna? —Un poco —asintió Ned. La cabeza le daba vueltas, pero no podía reconocer su debilidad delante de la reina. 232