literatura fantástica
Juego de tronos
conocía a Halder, tenía una fuerza brutal, pero carecía de paciencia y no le gustaba defenderse. Seguro que si lo frustraba lo suficiente bajaría la guardia.
El sonido del acero contra el acero resonó por el patio cuando los muchachos se enfrentaron. Jon detuvo un mandoble salvaje que le iba directo a la cabeza, pero el impacto de las espadas hizo que un calambre le recorriera el brazo. Lanzó un golpe lateral que acertó a Halder en las costillas, y su recompensa fue un grito amortiguado de dolor. El contraataque acertó a Jon de pleno en el hombro. La cota de mallas crujió, y el dolor le recorrió el cuello como un latigazo, pero Halder había perdido el equilibrio durante un instante. Jon lo golpeó en la pierna izquierda, Y el muchacho cayó con una maldición.
Grenn se defendía bien, tal como Jon le había enseñado, y apenas daba tregua a Albett, pero la presión era excesiva para Pyp. Rast tenía dos años más que él, y también pesaba veinte kilos más. Jon se le acercó por detrás y dio un golpe en el casco del violador, que resonó como una campana. Rast se tambaleó, Pyp se coló bajo su guardia, lo derribó y le puso la espada en la garganta. Jon también estaba sobre él.— Me rindo— gritó Albett, al verse enfrentado a dos espadas.— Esta farsa ya se ha prolongado demasiado por hoy— dijo despectivo Ser Alliser Thorne contemplando aquello con repugnancia. Se marchó. La sesión de entrenamiento había terminado. Daeron ayudó a Halder a ponerse en pie. El hijo del picapedrero se quitó el yelmo con dificultad y lo lanzó al otro lado del patio.— Durante un instante pensé que, por fin, ya te tenía, Nieve.— Durante un instante me tuviste— replicó Jon. El hombro le palpitaba bajo las mallas y la coraza. Envainó la espada y fue a quitarse el yelmo, pero al levantar el brazo el dolor fue tal que lo obligó a apretar los dientes.
— Espera, te ayudo— dijo una voz. Unas manos de dedos gruesos le soltaron el yelmo del gorjal y lo alzaron con suavidad—. ¿ Te ha hecho daño?
— No es la primera vez que recibo un golpe.— Se tocó el hombro e hizo una mueca. A su alrededor, los muchachos salían del patio. El chico gordo tenía sangre en el pelo, allí donde Halder le había hendido el casco.
— Me llamo Samwell Tarly, de Colina...— Se detuvo y se pasó la lengua por los labios—. No, era de Colina Cuerno, hasta que... que me fui. He venido a vestir el negro. Mi padre es Lord Randyll, abanderado de los Tyrell de Altojardín. Yo era su heredero, pero...— Se quedó sin voz.— Yo soy Jon Nieve, bastardo de Ned Stark, de Invernalia. Samwell Tarly asintió.— Si... si quieres puedes llamarme Sam. Mi madre me llama Sam.— Tú a él lo puedes llamar Lord Nieve— dijo Pyp al tiempo que se acercaba a ellos—. Y ni te imaginas cómo lo llama su madre.— Estos dos son Grenn y Pypar— presentó Jon.— Grenn es el feo— indicó Pyp.— Tú eres más feo que yo— dijo Grenn frunciendo el ceño—. Yo al menos no tengo orejas de murciélago.— Quiero daros las gracias a todos— dijo el chico gordo con seriedad.—¿ Por qué no te levantaste y luchaste?— quiso saber Grenn.— Lo intenté, de verdad, pero... no pude. No quería que me pegara más.— Clavó la vista en el suelo—. Es que... soy un cobarde. Mi padre me lo dice siempre. Grenn lo miró atónito. Hasta Pyp, que siempre tenía algo que decir, se había quedado sin palabras. ¿ Qué clase de hombre se calificaba como cobarde? Samwell Tarly debió de ver en sus rostros lo que pensaban. Sus ojos buscaron los de Jon y luego se apartaron rápidamente como animales asustados.— Lo siento, de verdad que lo siento— añadió—. Yo no elegí... ser como soy.— Echó a andar hacia la armería con pasos pesados.— Te han hecho daño— le gritó Jon—. Mañana lo harás mejor.— No.— Sam lo miró por encima de un hombro, con gesto triste—. No lo haré mejor.—
Parpadeó para contener las lágrimas—. Nunca lo hago mejor. Cuando el chico gordo estuvo lejos, Grenn frunció el ceño.— A nadie le caen bien los gallinas— dijo, incómodo—. Me arrepiento de que lo hayamos ayudado. Ahora todos pensarán que nosotros también somos unos gallinas.— Tú eres demasiado tonto, no llegas a gallina— le dijo Pyp.
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