canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 117
literatura fantástica
Juego de tronos
Bajo la enorme grúa había un pequeño cobertizo, y Tyrion atisbo el resplandor mortecino de
un brasero, al tiempo que le llegaba una breve ráfaga de aire tibio cuando el hombre de la manivela
abrió la puerta para volver al interior. Pronto estuvo solo.
Allí el frío era espantoso y el viento tironeaba de la ropa como un amante insistente. La cima
del muro era más ancha que algunos tramos del camino real, así que Tyrion no corría peligro de
caerse, aunque la superficie era más resbaladiza de lo que le habría gustado. Los hermanos solían
espolvorear piedras machacadas por la zona de tránsito, pero el peso de infinitas pisadas fundía el
Muro, de manera que el hielo parecía crecer en torno a la gravilla y engullirla hasta que la superficie
quedaba lisa de nuevo, y había que echar más piedra machacada.
Pero no era ningún obstáculo insalvable para Tyrion. Miró hacia el este y hacia el oeste, todo
el tramo del Muro que se divisaba era un vasto camino blanco sin principio ni fin, con un abismo
negro a cada lado. Hacia el oeste, decidió sin ningún motivo concreto, y echó a andar en esa dirección
por la zona más cercana al norte, que parecía tener más gravilla.
Tenía las mejillas enrojecidas por el frío, y a cada paso que daba sus piernas protestaban más y
más, pero Tyrion no les hizo caso. El viento soplaba contra él, la gravilla crujía bajo las botas, y al
frente la cinta blanca seguía el perfil de las colinas y se elevaba más y más hasta perderse en el
horizonte occidental. Pasó junto a una catapulta gigantesca, alta como el muro de una ciudad, cuya
base se hundía profundamente en el muro. En algún momento habían quitado el brazo para repararlo y
no habían vuelto a ponerlo; yacía junto a la estructura principal como un juguete roto, incrustado en el
hielo.
Una voz amortiguada le dio el alto desde el otro lado de la catapulta.
—¡Alto! ¿Quién va?
—Si me quedo quieto mucho tiempo me congelaré, Jon —dijo Tyrion, que se había detenido,
cuando una forma blanquecina y peluda se deslizaba hacia él en silencio y le olisqueaba las pieles—.
Hola, Fantasma.
Jon Nieve se acercó a él. Con las diversas capas de piel y cuero parecía más corpulento.
Llevaba la cara casi oculta por la capucha de la capa.
—Lannister —dijo al tiempo que se aflojaba la bufanda para dejarse la boca al descubierto—.
Éste es el último lugar donde esperaría encontrarte. —Llevaba una lanza con punta de hierro muy
pesada, más alta que él, y tenía una espada enfundada al costado. Cruzado sobre el pecho llevaba un
cuerno negro con bandas de plata.
—Éste es el último lugar donde esperaba estar —admitió Tyrion—. Ha sido un capricho. Si
toco a Fantasma, ¿me arrancará la mano de un mordisco?
—No mientras esté yo aquí —le aseguró Jon.
Tyrion rascó al lobo blanco detrás de las orejas. Los ojos rojos lo miraron impasibles. La
bestia ya le llegaba al pecho. Tyrion tuvo la sensación de que, en menos de un año, sería él quien
tendría que alzar la vista para mirarlo.
—¿Qué haces aquí arriba esta noche? —preguntó—. Aparte de congelarte las pelotas...
—Me toca guardia —dijo Jon—. Otra vez. Ser Alliser ha tenido la amabilidad de pedir al
comandante al cargo de los turnos que se ocupe de mí. Por lo visto cree que, si me mantienen despierto
la mitad de la noche, me dormiré durante los entrenamientos de la mañana. Hasta ahora he conseguido
decepcionarlo.
—¿Fantasma sabe ya hacer malabarismos? —preguntó Tyrion con una sonrisa.
—No —respondió Jon, también sonriente—, pero esta mañana Grenn se ha defendido bien de
Halder, y a Pyp ya no se le cae la espada tan a menudo.
— ¿Pyp?
—Se llama Pypar. Es el chico menudo, el que tiene las orejas tan grandes. Me vio entrenar con
Grenn y me pidió ayuda. Thorne ni se había molestado en enseñarle a sujetar bien la espada. —Se giró
hacia el norte—. Tengo que vigilar casi dos kilómetros de Muro. ¿Quieres caminar conmigo?
—Siempre que camines despacio... —accedió Tyrion.
—El comandante al cargo de los turnos me ha dicho que tengo que andar para que no se me
hiele la sangre, pero no a qué velocidad.
Echaron a andar. Fantasma iba junto a Jon como una sombra blanca.
—Me marcho mañana —dijo Tyrion.
—Ya lo sé —dijo Jon con una extraña tristeza.
—Tengo pensado detenerme en Invernalia en el camino de vuelta hacia el sur. Si quieres que
lleve algún mensaje de tu parte...
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