La era del interior fotogénico encuentra sus límites
Instagram y otras plataformas modificaron durante años la forma en que restaurantes, hoteles y comercios pensaban sus interiores.
Crear un lugar reconocible en una fotografía podía convertirse en una herramienta de comunicación.
Pero un espacio espectacular en pantalla no necesariamente funciona de la misma manera cuando se habita.
Gensler señala que temperatura, acústica, aroma y táctilidad comienzan a registrar información en el cuerpo incluso antes de que una persona procese conscientemente los detalles visuales de un hotel. La firma sostiene que existe una diferencia entre diseñar un espacio visualmente impactante y conseguir que sea verdaderamente memorable.
Un restaurante puede tener una estética extraordinaria y fracasar si resulta imposible conversar. Una habitación puede utilizar materiales costosos y producir incomodidad por una iluminación deficiente. Un lobby monumental puede impresionar durante segundos y sentirse frío durante una estancia prolongada.
El sonido también es arquitectura
La acústica es quizá uno de los ejemplos más claros.
Los materiales duros y las grandes superficies abiertas que caracterizaron numerosos interiores contemporáneos pueden producir reverberaciones difíciles de percibir en una fotografía, pero evidentes cuando el espacio está lleno.
Por ello, plafones acústicos, textiles, mobiliario, paneles absorbentes y geometrías capaces de controlar la propagación del sonido comienzan a adquirir una función que va más allá de la decoración.
Algo similar ocurre con la iluminación. La temperatura de color, la intensidad y la relación entre luz natural y artificial pueden modificar radicalmente la percepción de un mismo espacio durante el día y la noche.
La investigación de Gensler plantea precisamente que iluminación, sonido, textura, color, aroma e incluso gastronomía deben analizarse conjuntamente para construir atmósferas coherentes e inclusivas.
El aroma: una dimensión todavía poco utilizada
Entre todos los sentidos, existe uno particularmente interesante para el diseño: el olfato.
Gensler identifica el aroma como uno de los recursos menos aprovechados dentro de la experiencia hotelera y destaca su relación particularmente estrecha con las emociones y la memoria. Su capacidad para construir asociaciones con un lugar abre posibilidades para hoteles.
Está precisamente en la sutileza. Diseñar para los sentidos no significa convertir cada habitación en una experiencia teatral. Significa comprender que todos los espacios ya producen sonidos, temperaturas, texturas y aromas, independientemente de que el diseñador los haya considerado o no.
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