ENTREVISTA
camente con la comercialización, sin embargo, el proyecto tomó un rumbo completamente distinto.
Junto al padre responsable del santuario y al arquitecto Sergio García, comenzó a desarrollar un concepto arquitectónico basado en la continuidad de la esencia natural y espiritual del lugar.
El resultado es un proyecto donde la arquitectura parece emerger directamente de la tierra y el Santuario respetó desde el inicio la topografía original del terreno; los senderos conservan las brechas naturales generadas durante los estudios topográficos y la altimetría se mantuvo prácticamente intacta; decisión que no solo responde a una intención estética, sino también funcional y ecológica.
“ Por eso realmente cuando llueve no sufrimos de inundaciones”, añadió la arquitecta, demostrando cómo el respeto al paisaje natural puede convertirse también en una solución urbana y ambiental.
El recorrido dentro del santuario está pensado para ser descubierto lentamente, permitiendo que cada visitante construya una experiencia íntima y personal. Los espacios no funcionan como simples corredores arquitectónicos, sino como lugares de recogimiento y contemplación.
La disposición de los módulos, concebidos como monolitos que emergen del suelo, genera pequeños refugios de introspección donde el silencio y la naturaleza adquieren protagonismo.
La arquitectura emocional se vuelve entonces uno de los ejes más importantes del proyecto. Durante el desarrollo conceptual, Roel Trigo también estudiaba un diplomado relacionado con la tanatología, experiencia que influyó profundamente en la manera de entender las necesidades humanas dentro de un espacio funerario.
A partir de esa idea, cada material fue cuidadosamente seleccionado para transmitir autenticidad y cercanía; el acero oxidado al ácido, el concreto aparente sin acabados, la madera regional y el mármol trabajado artesanalmente forman parte de una estética donde la imperfección natural se convierte en lenguaje arquitectónico.
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