ENTREVISTA
el crecimiento empresarial dentro del sector.
Mariana identifica que el profesional inmobiliario del presente debe dominar no solo el diseño, sino también estrategias financieras, esquemas de preventa, apalancamientos y nuevos modelos de adquisición como la compra fraccionada.
La expansión del sector en México ha venido acompañada de mayor acceso a financiamiento, democratización de la información y nuevas herramientas de inversión. Sin embargo, también enfrenta retos importantes: el incremento en precios de la vivienda, el crecimiento urbano desordenado y la necesidad de generar proyectos más accesibles sin sacrificar calidad.
Para ella, el equilibrio será determinante para el futuro del mercado.
Uno de los cambios más relevantes es generacional. Las nuevas generaciones priorizan movilidad, flexibilidad y experiencias sobre la adquisición tradicional de una casa amplia.
El auge del trabajo remoto, los nómadas digitales y los nuevos modelos familiares están modificando la demanda. Departamentos con amenidades, espacios de coworking y desarrollos verticales comienzan a imponerse frente a la expansión horizontal que encarece traslados y fragmenta las ciudades.
Casos como el de Cancún reflejan esta transición: centros urbanos que se vuelven oficinas, zonas residenciales cada vez más lejanas y tiempos de traslado que afectan la calidad de vida. En este contexto, la vivienda vertical no solo es tendencia, sino una respuesta estratégica al crecimiento urbano sostenible.
Pero más allá del mercado, Mariana subraya una responsabilidad fundamental: la ética profesional.
“ Cuando alguien invierte en una propiedad no solo confía su dinero, confía su tiempo, su patrimonio y su calidad de vida”, destacó.
Esta visión coloca a arquitectos y desarrolladores frente a un compromiso mayor: diseñar con conciencia, construir con responsabilidad y vender con transparencia.
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