BOLETÍN INTERNACIONALIZACIÓN -Julio 2026-1 | Page 48

La relación económica entre China y Europa atraviesa una fase de transformación marcada por el aumento de las tensiones comerciales, la creciente capacidad industrial china y los esfuerzos europeos por reforzar su autonomía estratégica. En este contexto, la presencia china en Europa ya no se articula únicamente a través del comercio, sino también mediante una mayor implantación inversora en sectores estratégicos.
España participa cada vez más en estas dinámicas. El aumento de los intercambios comerciales, el creciente papel de China como proveedor y la llegada de proyectos de inversión en automoción, baterías o energías renovables abren oportunidades para reforzar la base industrial española( de menor peso relativo que en economías como Alemania o Italia, aunque con activos relevantes en automoción, energías renovables y bienes de equipo), pero también plantean retos en términos de dependencia tecnológica, competencia, seguridad y generación de valor añadido local.
1. Contexto internacional. China, Europa y la reconfiguración de los flujos comerciales y de inversión
1.1. El cambio en los flujos comerciales
Durante los últimos años, las relaciones comerciales entre la Unión Europea y China se han reforzado, pero de forma desequilibrada. Mientras las exportaciones europeas hacia el mercado chino han perdido dinamismo, las importaciones procedentes del país asiático han seguido aumentando, ampliando el déficit comercial bilateral hasta niveles históricamente elevados.
Esta evolución responde a varios factores: la desaceleración de la demanda china, la sustitución de importaciones por producción doméstica y el exceso de capacidad en determinados sectores manufactureros chinos. A ello se suma la intensificación de la guerra comercial entre EE. UU. y China, que ha favorecido la búsqueda de mercados alternativos para parte de la producción china, entre ellos Europa.
1.2. Del comercio a la inversión
Paralelamente, la inversión china en Europa ha recuperado dinamismo tras varios años de retroceso. Aunque el comercio sigue siendo el principal canal de relación económica, Europa ha ganado peso como destino de la inversión china en economías avanzadas, especialmente en proyectos industriales vinculados a la transición energética, la automoción y las nuevas tecnologías.
Desde el punto de vista geográfico, Hungría continúa siendo el principal receptor, en buena medida por su papel en la cadena del vehículo eléctrico. Sin embargo, la inversión se ha ido diversificando hacia otros países, entre ellos Alemania, Francia, Portugal y España, lo que refleja una estrategia más amplia de implantación productiva dentro del mercado europeo( Gráfico 9).
El cambio no es solo cuantitativo, sino también cualitativo. Frente a etapas anteriores más asociadas a adquisiciones corporativas, la nueva inversión china se concentra en proyectos industriales, baterías, movilidad eléctrica, renovables y almacenamiento energético. Este patrón anticipa el tipo de oportunidades y tensiones que pueden trasladarse a economías con base industrial relevante, como España.
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