Zona euro
La zona euro cerró el primer trimestre con una actividad estancada, prolongando una dinámica de debilidad que ya era visible antes del conflicto en Oriente Próximo. La demanda interna mostró un comportamiento moderado y los indicadores de confianza continuaron reflejando un entorno económico frágil, especialmente en las principales economías del área.
El shock energético asociado a Ormuz ha tenido un impacto particularmente relevante en Europa debido a su mayor dependencia energética. No obstante, sus efectos han sido muy desiguales entre países. Alemania, Francia e Italia han mostrado una mayor vulnerabilidad al deterioro del entorno energético y manufacturero, mientras que economías como España o Portugal han seguido beneficiándose de una demanda interna más sólida y de una menor exposición relativa a algunos de los sectores más afectados. Además de contar con una estructura energética diferenciada, la península ibérica ya había mostrado durante la guerra ruso-ucraniana una mayor capacidad de resistencia para amortiguar el impacto de los shocks energéticos internacionales, gracias a su menor dependencia relativa de los combustibles fósiles, en particular del gas importado, y a la creciente penetración de las energías renovables.
La inflación también ha repuntado en la zona euro, aunque menos de lo inicialmente previsto. El traslado del encarecimiento energético a los precios de consumo ha resultado más gradual y contenido gracias a diversos factores amortiguadores. Entre ellos, la moderación de la demanda, la ausencia de efectos de segunda ronda y las medidas compensatorias adoptadas por distintos gobiernos para limitar el impacto sobre hogares y empresas.
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