EE. UU.
La economía estadounidense volvió a mostrar una notable capacidad de resistencia durante el primer trimestre del año. La actividad continuó creciendo a un ritmo compatible con su potencial, apoyada principalmente en la fortaleza del consumo privado y de la demanda interna. El mercado laboral siguió ofreciendo señales de solidez, aunque la moderación en la creación de empleo y de salarios está generando menor tracción en la renta de los hogares. En todo caso, el mercado laboral se mantiene equilibrado( tasa de paro estable) y no evidencia un deterioro significativo de las condiciones económicas.
Sin embargo, detrás de esta fortaleza agregada persiste una creciente heterogeneidad. El consumo continúa apoyándose en los hogares de mayor renta, beneficiados por la revalorización de los activos financieros y el aumento de la riqueza patrimonial. Esta denominada K-economy explica buena parte de la resiliencia observada en el gasto
8 de los hogares, mientras que los segmentos de menor renta muestran una evolución más moderada y una mayor sensibilidad al encarecimiento de la energía y al agotamiento del ahorro acumulado en años anteriores.
La inflación, por su parte, se mantiene en niveles todavía elevados. Aunque el componente energético ha contribuido al reciente repunte, también persisten presiones en algunos segmentos de servicios y bienes. En este entorno, la Reserva Federal mantiene un enfoque prudente y sigue priorizando la estabilidad de precios, en un contexto en el que la economía continúa mostrando una capacidad de crecimiento superior a la observada en otras economías desarrolladas. La entrada de Warsh como presidente de la Fed ha supuesto un cambio significativo en la forma de conducir y comunicar la política monetaria( más dependiente de los datos y reduciendo el compromiso asociado al forward guidance).