Especialización, exposición y dependencia: evolución reciente del sector exterior español
La globalización comercial, que marcó las primeras décadas del siglo XXI, ha entrado en una fase de repliegue. El auge del proteccionismo, la fragmentación de cadenas de valor y el uso creciente del comercio como herramienta geopolítica han hecho que el entorno internacional sea más incierto, volátil y menos favorable para las economías abiertas. La pandemia marcó el punto de inflexión, si bien, desde entonces, las medidas discriminatorias se han multiplicado. La nueva administración Trump no originó esta tendencia, pero sí ha intensificado sus consecuencias( Gráfico 5).
Para España, una economía altamente abierta y dependiente de mercados exteriores, este entorno supone tanto un reto como una oportunidad para mitigar los impactos negativos en sectores sensibles y reorientar sus flujos hacia regiones menos expuestas a tensiones sistémicas. Por lo tanto, en este contexto, resulta clave analizar cómo se ha comportado el sector exterior español desde 2019, un periodo en el que se manifiesta este cambio estructural.
Durante estos años, el sector exterior español ha mantenido una posición globalmente sólida. La composición de flujos, los mercados de destino y los sectores exportadores han cambiado, y el patrón de crecimiento ha pasado a depender más de los servicios que de los bienes. El estancamiento del comercio de bienes desde 2022 indica que el impulso exportador se ha interrumpido, pero que las empresas españolas han logrado mantener su competitividad. La menor exposición directa e indirecta de España a EE. UU. explica que no haya notado el reciente tirón de la demanda estadounidense para evadir los aranceles. Su exposición sigue concentrada en Europa, lo que permite mantener un horizonte optimista, siempre que el fortalecimiento del mercado interno termine beneficiando en mayor medida a las empresas españolas, consolidando así la contribución del sector exterior al crecimiento económico.
Tras el impulso exportador de 2022, el comercio de bienes se ha estancado.. Frente a otros países europeos como Alemania o Francia, cuyo desempeño ha sido incluso peor, España ha logrado mantener cierta estabilidad, aunque sin capacidad de crecimiento. La clave ha estado en la fortaleza del sector servicios, especialmente turísticos, que ha compensado el deterioro industrial. El gasto turístico en 2024 alcanzó el 7,9 % del PIB y los servicios no turísticos han superado claramente sus niveles prepandemia, consolidando su peso en la balanza de pagos. Esta recomposición de la estructura exportadora ha permitido mantener el superávit por cuenta corriente, pero también apunta a una mayor dependencia del ciclo turístico y una menor diversificación tecnológica.
El 74 % de las exportaciones españolas de bienes sigue destinado a la UE, pero desde 2019 se ha producido una gradual diversificación geográfica del destino de las mismas. Como muestra el Gráfico 6, América Latina y Oceanía han ganado algo de peso relativo desde 2019( esta última, en especial, desde 2022), aunque de forma limitada. Las exportaciones a Asia y África, tras una caída significativa entre 2020 y 2022, han comenzado a recuperarse en los dos
23