BOLETÍN INTERNACIONALIZACIÓN - Abril 2026 | Page 49

A ello se añade la dimensión geográfica del shock. Determinados corredores estratégicos concentran una parte sustancial del comercio energético global, como es el caso del estrecho de Ormuz o el de Bab el Mandeb, de modo que cualquier perturbación en estos puntos introduce fricciones no solo en la producción, sino también en la salida del crudo / distribución y el transporte. Esto se traduce en mayores costes de aseguramiento, desvíos de rutas, aumento de tiempos de tránsito y presión sobre inventarios, configurando un shock que trasciende el ámbito energético para afectar al comercio internacional. En términos cuantitativos, el estrecho de Ormuz, por ejemplo, canaliza cerca del 20 % del petróleo mundial y en torno al 25 % del comercio global de GNL, lo que lo convierte en un cuello de botella crítico para el sistema energético internacional.
El canal logístico adquiere, por tanto, una relevancia creciente. El encarecimiento del transporte energético se traslada progresivamente al conjunto del sistema marítimo a través del coste del combustible y de las primas de riesgo. En una primera fase, el impacto es principalmente de costes, pero si la disrupción se prolonga o se extiende a otros corredores críticos, puede derivar en una reducción de la capacidad efectiva del transporte global, reactivando dinámicas de congestión y cuellos de botella que vivimos tras la pandemia.
La experiencia reciente muestra que este tipo de shocks no se transmiten de forma lineal. La secuencia habitual parte de la perturbación geopolítica, continúa con una reevaluación de los flujos físicos y logísticos, y culmina en su traslación a precios y actividad. Este patrón introduce desfases temporales en la transmisión, lo que puede retrasar la percepción del impacto real en la economía.
Para economías abiertas como la española, este canal es especialmente relevante, ya que el aumento de los costes de transporte se traduce en un encarecimiento de las importaciones( especialmente energéticas) y en una pérdida de competitividad de las exportaciones.
2. Sensibilidad de países y sectores económicos
La exposición al shock energético presenta una elevada heterogeneidad, determinada por la dependencia de importaciones, la estructura del mix energético y la composición sectorial de cada economía.
En el caso europeo, la principal vulnerabilidad se concentra en el gas natural y, en particular, en el GNL. A diferencia del mercado de crudo, que presenta mayor liquidez y capacidad de redireccionamiento, el gas depende de infraestructuras específicas y presenta una menor elasticidad de oferta en el corto plazo. Esto implica que las disrupciones no se compensan fácilmente mediante aumentos de producción, sino a través de incrementos de precios y ajustes en la demanda.
Además, la vulnerabilidad europea presenta una dimensión temporal relevante. El ciclo de almacenamiento de gas genera periodos en los que los inventarios se encuentran en niveles reducidos, coincidiendo con momentos de mayor sensibilidad a
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