BOLETÍN INTERNACIONALIZACIÓN - Abril 2026 | Page 44

La intensificación del conflicto en Oriente Próximo ha reintroducido un riesgo geopolítico con capacidad de generar un shock energético de alcance global. A diferencia de episodios anteriores, el contexto actual se caracteriza por una elevada interdependencia entre mercados energéticos, cadenas de suministro y transporte internacional, lo que amplifica los canales de transmisión hacia la economía real.
En este entorno, la cuestión relevante no es únicamente la magnitud inicial del shock, sino su naturaleza multidimensional y su potencial de persistencia. El sistema energético global ha evolucionado hacia una estructura más compleja, en la que las vulnerabilidades no se limitan a la producción de crudo, sino que se extienden al refino, al gas natural licuado( GNL), los fertilizantes( que afectarán inevitablemente a la cadena agroalimentaria), los productos químicos( plásticos) o metálicos( aluminio, sobre todo) y, en definitiva, a las infraestructuras logísticas. Esto implica que los efectos económicos del conflicto pueden materializarse de forma indirecta y escalonada, afectando tanto a los precios como a la actividad. Estos son, en definitiva, los elementos que determinan el coste efectivo de la energía para empresas y hogares.
Además, el análisis del shock debe realizarse no solo en términos globales, sino atendiendo a la heterogeneidad por países y sectores económicos, con especial atención al caso español, donde la estructura energética y productiva introduce elementos diferenciales relevantes dentro de la zona euro que conviene poner en valor.
El presente análisis examina, precisamente, los principales canales de transmisión del shock, la sensibilidad diferencial por países y sectores, la potencial emergencia de los problemas de cuellos de botella, el impacto macroeconómico esperado y las respuestas de política económica habitualmente observadas en este tipo de episodios en el pasado.
1. Shocks de oferta: energía, transporte y comercio internacional
El shock actual debe interpretarse como una perturbación de la oferta compleja que afecta simultáneamente a varios eslabones del sistema energético y logístico global. Aunque el petróleo sigue siendo el insumo central, su precio no captura por sí solo el nivel de estrés del sistema. Los puntos de mayor fragilidad se sitúan en los segmentos de refino, los productos derivados-especialmente, los destilados- y el gas natural, que son los que determinan el coste efectivo de la energía para la economía.
Esta configuración implica que el ajuste del sistema no se produce únicamente a través del crudo, sino a través de la energía final que consumen empresas y hogares. En particular, los combustibles como el diésel o el jet fuel, esenciales para el transporte y la actividad industrial, presentan una mayor capacidad de transmisión inflacionista que el propio petróleo. Estos combustibles afectan directamente a los costes de transporte, producción y distribución, amplificando su efecto sobre la inflación y la actividad.
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