La economía global cerró 2025 con un crecimiento sólido y relativamente equilibrado, en el entorno del 3,2 % anual, apoyado principalmente en la resiliencia de EE. UU.( 2,1 % anual) y en el dinamismo de las economías emergentes( 4,2 % anual), con China creciendo en torno al 5 % anual. En contraste, la zona euro mantuvo un crecimiento más moderado( 1,5 % anual), reflejo de una mayor debilidad estructural, especialmente en el componente industrial. Este contexto confirma que, a pesar de las tensiones comerciales y geopolíticas, la economía global ha sido capaz de sostener tasas de crecimiento cercanas a su potencial en el último año.
De cara a 2026, las perspectivas siguen apuntando a un crecimiento global en el entorno del 3 %-3,3 % anual, aunque con una ligera desaceleración en algunas economías avanzadas, especialmente en Europa, y con mayor dispersión por países. Este escenario, en principio estable, se ha visto alterado en las últimas semanas por la intensificación del conflicto en Oriente Próximo, que introduce un shock energético con potencial de afectar principalmente al crecimiento económico a corto plazo.
Tras un año en el que la clave para el entorno global fue la escalada del proteccionismo comercial por parte de Trump, el foco ha virado en la actualidad hacia la guerra en Oriente Próximo. Un conflicto que, al momento de cierre de este informe, no se ha resuelto aún y, de hecho, se está extendiendo más de lo que se vislumbraba a principios de marzo, cuando comenzaba.
En la práctica, el impacto macro-financiero global se deriva del choque energético a raíz de la disrupción del estrecho de Ormuz, el principal punto de paso del sistema energético mundial. Por él transita cerca de una quinta parte del petróleo que se consume globalmente y alrededor de una cuarta parte del gas natural licuado( GNL), procedente sobre todo de los países del Golfo. Esta enorme concentración convierte al estrecho en un cuello de botella crítico, donde cualquier tensión afecta de inmediato a los precios y al suministro energético global. La mayor parte del gas y una gran proporción del petróleo que cruzan Ormuz se dirigen a Asia, mientras que Europa recibe una parte menor pero significativa, clave en los últimos años para reforzar su seguridad energética tras la guerra de Ucrania.
En el contexto del conflicto, Irán ha logrado un control casi total de Ormuz. El tránsito marítimo ha caído de 135 a apenas seis buques diarios, la mayoría bajo su órbita. Esta disrupción comercial, junto con una prima geopolítica significativa y el incremento del coste de los seguros, han dado lugar a un fuerte incremento en el precio del crudo( hasta cotas de 120 USD / b) y del gas( por encima de 50 EUR / MWh, aunque muy lejos de los 300 EUR / MWh que alcanzó durante la guerra de Ucrania en 2022). Los productos refinados, como la gasolina, el diésel, y el queroseno, escalan incluso con más intensidad.
Más allá del impacto sobre los precios, el principal canal de transmisión del shock será el crecimiento económico. El encarecimiento de la energía actúa como
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