Blablerías N°2 - Marzo 2013 | Page 4

por Marita von Saltzen

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Una leyenda

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l benteveo, bichofeo, pitogüé, o pitojuán es uno de los pájaros que conocemos por su canto, que es el que le da el nombre (seguramente tiene otros más). Sin embargo, muchos no lo reconocen cuando lo ven: la cabeza blanca con su antifaz negro, su pancita amarilla . Su pico negro y largo le permite cazar insectos al vuelo y no desprecia lombrices ni gusanos.

EL BENTEVEO

Cuenta una leyenda guaraní, que Akitá y su esposa Mondorí construyeron en la selva una casita con maderos y hojas de palmera. Allí vivirían con su hijo Sagua-á y el padre de Akitá, viudo y algo enfermo, durante el cultivo del algodón.

Mientras los padres iban a trabajar, el abuelo disfrutaba de cuidar a su nieto: juntos iban a pescar al río Paraná y a recolectar miel de lechiguana y frutos silvestres en el bosque. Eran buenos compañeros, aunque el abuelo consentía demasiado a Sagua-á.

Cuando el anciano ya no tuvo fuerzas para ir al río o al bosque, Sagua-á comenzó a dejarlo solo: iba a pescar o a jugar al bosque mientras el abuelo lo esperaba tejiendo cestos o fabricando flechas y anzuelos, sentado en un banquito junto a la cabaña.

Akitá y Mondorí confiaban en que su hijo cuidaba al abuelo, pero un día descubrieron que el viejito no había comido en todo el día porque nadie le había alcanzado el alimento.Sin embargo, Sagua-á recibió con disgusto los retos de sus padres, que comprendieron claramente que no debían arriesgarse más a dejar con él al anciano, que no podía levantarse solo de su hamaca.

Mondorí se quedó en la cabaña varios días. Cuando llegó el tiempo de la cosecha, su trabajo en el algodonal fue imprescindible, así que despertó a su hijo bien temprano. Ese día, él cuidaría de su abuelo.

—¡Es muy temprano! —se quejó Sagua-á— ¡No quiero cuidar al abuelo, quiero ir a pescar!

Como no le quedó más remedio que quedarse, se dedicó todo el día a arreglar sus útiles de pesca, pero se olvidó por completo del viejo. Ni siquiera acudió a sus llamados:

—Tengo mucha sed, Sagua-á. Por favor, dame un poco de agua...

—¿Qué te pasa? ¿Tu vida se apaga como un cachimbo? —se burló Sagua-á y le hizo gracia la comparación que se le había ocurrido.

—Sí, como un pito güé se apaga… Dame agua, por favor…

—Pito güé… Pito güé… —repetía el muchacho mientras reía a carcajadas.

Vencido por la sed, el pobre viejo murió. Y al mismo tiempo, el cuerpo de Sagua-á se transformó: se achicó, se cubrió de plumas de color pardo y amarillo; su cabeza se hizo pequeña y alargada.

Convertido en benteveo, seguía gritando:

—Pito güé… Pito güé…

Con ramitas y pajas, construye un nido grande en las horquetas de los árboles. Es tan valiente que, para defender su nido, se enfrenta con grandes aves rapaces.

Hace años, cuando caminaba por la Reserva Ecológica de Costanera Sur en Buenos Aires, observé que un carancho se había posado cerca de un nido de benteveo, donde la hembra estaba empollando . El benteveo voló

gritando hacia donde estaba la gran rapaz, pero ésta ni se movió. Entonces, fue decidido a un sauce vecino, se posó en una rama y cantó hasta que se le unió otro benteveo. Juntos fueron a un tercer árbol y allí se les unió otro más. Cuando fueron cinco en el grupo defensivo, volaron hacia el carancho que, sin dudarlo, se alejó.. Esa actitud solidaria me asombró tanto que todavía no la he olvidado.

E

Bichofeo

Laura Devetach