EL AUTOMOVILISMO EN MÉXICO
▶ EN LA META
El 19 de junio de 1966, Henry Ford II presenció cómo sus autos cruzaban la meta en las 24 Horas de Le Mans por primera vez, un triunfo que le había costado años de desarrollo y millones de dólares. En la euforia del momento, ordenó traer varias botellas de Moët & Chandon al podio.
Bruce McLaren y Chris Amon se convirtieron así en los primeros pilotos en celebrar con champaña al concluir una carrera. La botella elegida-un jeroboam verde de tres litros- quedó desde ese día asociada a la victoria en el deporte motor.
Pero el gesto que todos conocemos llegó un año después y por accidente. En esa misma edición de 1966, Jo Siffert ganó en la división 2.0 con Porsche y recibió su propio jeroboam, que llegó agitado. Al descorcharlo, la champaña saltó sola. Nadie lo planeó, pero todos lo vieron. La chispa prendió en 1967, cuando Dan Gurney decidió convertir ese accidente en acto deliberado. Tras cruzar la meta, puso el dedo en la boquilla, agitó con fuerza y roció a cuanto periodista, mecánico e invitado tenía cerca. Esa victoria también fue histórica por otra razón: fue el único triunfo completamente estadounidense en la historia de Le Mans, con Gurney y A. J. Foyt al volante de un Ford GT40. La tradición viajó a la Fórmula 1 de la mano de Jackie Stewart. El escocés repitió el ritual tras ganar el Gran Premio de Francia de 1969 al volante de su Matra- Ford, y lo que había nacido en la Sarthe comenzó a globalizarse. Hoy el baño de champaña es el lenguaje universal de la victoria en el motorsport, y ha permeado a otros deportes: es habitual verlo en celebraciones de títulos de fútbol, béisbol o baloncesto.
Una botella que llegó agitada al podio equivocado
1966 Primera champaña en el podio. Henry Ford II celebra la victoria de McLaren y Amon en Le Mans con botellas de Moët & Chandon. 1966 El accidente revelador. Jo Siffert descorcha un jeroboam agitado; la champaña salta sola e inspira lo que viene después.
1967 Dan Gurney lo convierte en tradición. Primer baño de champaña intencional en Le Mans, en la única victoria íntegramente estadounidense de la prueba. 1969 La F1 lo adopta. Jackie Stewart lleva el ritual al Gran Premio de Francia y lo globaliza para siempre.
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