EL AUTOMOVILISMO EN MÉXICO ▶ EN LA META
UNA HEREJÍA CON RUEDAS QUE FUNCIONABA DE MARAVILLA
Para los puristas de la marca, el 924 fue un golpe duro. Motor delantero, refrigerado por agua, de origen Volkswagen-Audi: todo lo contrario a la filosofía del 911. Pero el diseñador holandés Harm Lagaay había creado algo sorprendente: una carrocería de cuña aerodinámica con faros plegables, morro sin parrilla y líneas que envejecerían mejor que casi cualquier coupé de su época. La clave mecánica estaba en su arquitectura transaxle— motor adelante, caja de cambios atrás—, que proporcionaba una distribución de peso de 48 / 52 entre eje delantero y trasero. El resultado era un manejo equilibrado y preciso que muchos rivales más potentes envidiaban. Con 125 CV en versión europea y una velocidad máxima que rozaba los 200 km / h, el 924 no era un cohete, pero se conducía con una naturalidad y un placer que su precio nunca prometía.
DE LOS SALONES A LE MANS
Porsche nunca desperdició un buen chasis. En 1978 llegó el 924 Turbo con 170 CV, celebrado por la prensa como una revelación. Luego vinieron las versiones de competición: el Carrera GT con 210 CV, el Carrera GTS con 245 CV y el espectacular 924 GTP, que en las 24 Horas de Le Mans de 1980 logró clasificar tres unidades entre los 15 primeros de la general. Una hazaña extraordinaria para un motor de apenas dos litros rodeado de prototipos de competición.
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