Argumentos Socialistas Nº 3 Noviembre - Diciembre 2013 | Page 55
improbable que lo logren.
Y aquí surge la pregunta: ¿se niega por tanto la explotación capitalista? No, al contrario.
La explotación capitalista es la más intensa jamás producida en la historia de la
humanidad, porque ya no es explotación del trabajo sino de la vida como totalidad y por
eso es totalitaria y cualitativamente mayor que ninguna otra. Pero, ¿qué queremos decir
con esto?
Primero hagamos una diferenciación que en parte
es un resumen. Las sociedades tradicionales,
entendiendo
esto
como
no
capitalistas,
explotaban el trabajo físico de sus individuos: la
producción dependía de ello. Sin embargo, la vida
fuera del trabajo, la vida del ocio para
explicarnos, no generaba beneficio económico
alguno, entre otras razones porque era un tiempo sin actividad económica relevante. Esto
no quiere decir, por supuesto, que fuera un tiempo ajeno a lo social ya que la ideología lo
dominaba, pero sí significa que existía una clara división entre producción y trabajo –que
se identificaban–, y vida fuera del trabajo –y por tanto fuera de la producción, aunque no
de la determinación social– por muy miserable que fuera esta. De hecho, solo existía una
minoría social, la denominada clase ociosa, que no vivía de su trabajo productivo directo,
en la que el ocio, entendido siempre como el tiempo transcurrido fuera del proceso de
trabajo y producción, generaba con el consumo una realidad económica limitada. Así, en
las sociedades anteriores, la idea de explotación era intelectualmente sencilla: la inmensa
mayoría de la población era explotada, pues su trabajo no servía para mejorar sus
condiciones de vida, sino para mantener a un grupo social dominante que además le
subyugaba. De esta forma, la explotación del trabajo en estas sociedades precapitalistas
era un hecho esencial, pues la propia estructura social como tal, vivía precisamente de
ella. Si desapareciera esta explotación, resultaría imposible que la sociedad se
mantuviera.
La explotación capitalista es la
más intensa jamás producida,
porque ya no es explotación del
trabajo, sino de la vida como
totalidad
Fue Henry Ford, sin pretender convertir la anécdota en categoría, el primero que
comprendió de forma práctica la diferencia radical entre la producción capitalista y toda
producción anterior. Al aplicar exhaustivamente la producción en serie multiplicó su
producción, y al hacerlo temió encontrarse sin clientes. La idea de Ford entonces fue
genial: subir el sueldo a sus empleados.
Fue Henry Ford, sin pretender convertir la anécdota en categoría, el primero que
comprendió de forma práctica la diferencia radical entre la producción capitalista y toda
producción anterior. Al aplicar exhaustivamente la producción en serie multiplicó su
producción, y al hacerlo temió encontrarse sin clientes. La idea de Ford entonces fue
genial: subir el sueldo a sus empleados. Esto hizo que sus propios trabajadores
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