Me encontré con un antiguo amor,
reencarnado en un escocés de la misma altura.
Sentados a la orilla, me besó allí, con un mar
de distancia que había conquistado para besarme
por última vez.
Era el punto más occidental de Portugal,
de toda Europa, encima de la montaña.
El viento me liberó el corazón deteriorado,
destruyéndose contra las rocas, dejándome ligera y libre.
Lisboa era mi vieja abuelita que nunca llegué a conocer
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