UN PERRO NO ES UNA PERSONA UTILIZANDO UN ABRIGO. SU PELAJE FORMA PARTE DE SU FISIOLOGÍA Y LAS NECESIDADES DE MAN- TENIMIENTO DEPENDEN DE RAZA, TIPO DE PELO, ESTADO DE SALUD Y CONDICIONES AMBIENTALES.
Pero existe una diferencia importante entre el jadeo esperado después de cierta actividad y un animal que comienza a mostrar dificultad para recuperar su estado normal. La académica Ylenia Márquez Peña, de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, explica que cuando perros y gatos dejan de eliminar eficientemente el exceso de temperatura pueden aparecer alteraciones relacionadas con el choque calórico, capaces de afectar distintos órganos. EL PISO TAMBIÉN CUENTA Existe otro problema que nosotros difícilmente percibimos porque caminamos con zapatos. El pavimento puede calentarse considerable mente durante las horas de mayor radiación y provocar lesiones en los cojinetes de los animales. Especialistas de la UNAM recomiendan evitar los paseos durante las horas de mayor calor y vigilar los cojinetes, ya que el contacto con superficies excesivamente calientes puede producir enrojecimiento y quemaduras.
Antes de salir conviene pensar en algo que normalmente olvidamos: la temperatura del aire y la temperatura de la superficie sobre la que caminará nuestro perro no son necesariamente iguales. EL PELO NO ES SIMPLEMENTE UN ABRIGO Una reacción intuitiva durante los meses calurosos puede ser rapar completamente a un perro de pelo abundante pensando que estará más fresco. No siempre es una buena idea. El pelaje participa también en la protección frente a la radiación solar y puede funcionar como parte del aislamiento térmico. Especialistas veterinarios de la UNAM desaconsejan rapar completamente a determinados animales simplemente para combatir el calor. Esto demuestra algo interesante: interpretar a los animales únicamente desde nuestra propia experiencia puede llevarnos a conclusiones equivocadas. Nosotros nos quitamos capas de ropa cuando sentimos calor.
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