LA NOCHE TAMBIÉN NECESITA PROTECCIÓN
EN UN PAÍS CON UNA ENORME DIVERSIDAD BIOLÓGICA, CONSERVAR AMBIENTES NOCTURNOS ADQUIERE ESPECIAL RELEVANCIA. LAS PLAYAS DE ANIDACIÓN DE TORTUGAS SON UNO DE LOS EJEMPLOS MÁS VISIBLES, PERO NO EL ÚNICO.
La iluminación artificial transformó nuestras ciudades y permitió extender actividades después de la puesta del sol. Pero cuando la luz nocturna es excesiva, está mal dirigida o permanece encendida sin necesidad, también modifica un ambiente que numerosas especies necesitan para orientarse, alimentarse, reproducirse y migrar. Conservar la naturaleza también implica aprender a conservar la oscuridad. Cuando pensamos en contaminación imaginamos humo, basura, aguas residuales o sustancias que permanecen durante años en el ambiente. Pocas veces pensamos en una lámpara.
Después de todo, encender una luz parece exactamente lo contrario de contaminar: ilumina una calle, permite realizar actividades durante la noche y puede ser necesaria en espacios urbanos. El problema comienza cuando la iluminación artificial llega donde no se necesita, cuando no se necesita o con una intensidad mayor de la necesaria. A ese fenómeno lo conocemos como contaminación lumínica. Y aunque basta apagar una lámpara para eliminar su luz, sus efectos sobre los ecosistemas pueden ser mucho más complejos.
La oscuridad no es un espacio vacío: para muchas especies es una condición necesaria para orientarse, alimentarse, reproducirse y desplazarse.
Aprendiendo 42